martes, 31 de marzo de 2015

Saludos desde el Paseo de los tristes, Granada (Andalucia, Spain), un día maravillosamente primaveral!




En un lugar el corazón (Al Sur del amor)



En un lugar del corazón



En un lugar del corazón,
más allá de las fronteras
del límite de la razón,
nos esperan las hermosas
playas de mi niñez...


Perezosas y vírgenes,
se estiran en el candor
de la inocencia eterna.
Por las palmeras, al alba,
la suave brisa del ayer,
azahar y jazmín en flor
perfumes de una mujer...


Sentada en el secreto
de una cueva marina,
está trenzando la vela
del deseado barco
que le devolverá la dicha...
Por un mágico instante,
por un capricho del otoño,
quedó cautiva su alma
quedó presa del recuerdo...


En el aire una canción,
renace mi esperanza,
te espero en nuestra isla,
en un lugar del corazón...

domingo, 29 de marzo de 2015

La isla de la imaginación

Buenas tardes, 

A partir del 19 de Abril de 2015 estará disponible "La isla de la imaginación" en Amazon, versión papel y kindle. 
La portada y la maquetación son obra de Alexia Jorques. Gracias Alexia por tu magnífico trabajo.




sábado, 28 de marzo de 2015

Buscando Itaca (La poesía que inspiró el poemario)

  

    Buscando Itaca


Buscando Itaca navegué
cruzando desiertos y playas,
surcando mares violetas
y océanos de dudas,


Buscando Itaca navegué
desafiando el destino,
con una meta, un rumbo,
la brújula de tu nombre
incandescente en mi memoria
iluminando mi ruta...


Me quebré en el arrecife
naufragué en gélidas olas
y mi vida despedacé
buscando en vano las islas
el Sur de todas las cosas


Buscando Itaca navegué
a través de los años
y a pesar de los fracasos
nunca jamás me rendiré
mientras tu nombre al horizonte
dé un sentido a mi lucha
mi vida buscará la tuya,
seguiré buscando Itaca...


jueves, 26 de marzo de 2015

Naufragio (Buscando Itaca)




   Naufragio



Cansada de navegar
a lomos de un mar furioso
cansada de buscar
Itaca, falso paraíso,
juré mirando al horizonte
que ahí, acababa mi viaje...


Tantas  veces de madrugada
tratando de saber porqué
un día dejé mi tierra,
tantas veces me rebelé!


Después de cada naufragio
temblando en la oscuridad
despertar al viento helado
y sentirme derrotada,
luego, como pájaro herido,
arrastrando sus alas rotas
buscar un lugar secreto
donde curar mis heridas...




Amarga, llegué a perder
la ilusión del despertar,
cansada, dejé de creer
en la necesidad de amar
y decidí abandonar.
Al fin, renuncié a vivir,
aún me emociona recordar
aquel deseo de morir,
sin haber alcanzado
Itaca y mi destino...

Aquella fue la última
de  mis grandes navegaciones.
Se hundieron las emociones,
los sueños y la memoria
y me desperté flotando
al borde de la locura,
maldiciendo mi destino,
odiando mi odisea...
En mi playa pasó el tiempo
con sus incansables olas,
despacio borró las huellas
del dolor y del pasado...


Frágil aún pero viva,
vuelvo a mirar el cielo,
delante, la mar serena,
detrás, ni un recuerdo.
Sé que pronto tu suave brisa
hará cantar al mar mi  vela,
y que tu barco me llevará
hacia el Sur, hacia Itaca...

martes, 24 de marzo de 2015

INTEMPORALIS

Buenas noches

Estoy preparando la publicación de una novela muy especial para mí. Se llama Intemporalis.

¿Por qué digo que es especial? Porque está ambientada en Normandía, tierra donde me crié y que sigue viva en mis recuerdos.
También es especial porque la historia se desarolla en dos épocas distintas. La actual y la segunda guerra mundial. Es una novela juvenil, pero creo que puede gustar a todo tipo de público. 

En futuras entradas, publicaré la sinopsis de la obra, pero os puedo adelantar que no se parece a ninguna de las historias que hayáis podido leer hasta ahora... 

Muy pronto, en Amazon

Hola,

Muy pronto saldrá a la venta mi libro La isla de la imaginación (literatura infantil). Es un placer para mí presentaros la portada:


















Como ya os adelanté, este libro va dirigido a lectores a partir de 7 años. Es divertido y diferente a la literatura infantil que se suele encontrar para esta edad.
Creo que a todos los jóvenes lectores de esta edad, les puede encantar. Así que, atentos a la salida en Amazon, os iré confirmando cuándo se puede comprar.

Ausencia (Buscando Itaca)



Ausencia

Esta noche la soledad
me muerde y me asesina,
esta noche el silencio
me apuñala en un sollozo.
En el cielo no hay luna
ni estrellas, sólo brilla,
enorme y monstruosa
la Ausencia...


Me siento frágil y desnuda
en manos de este destino,
barco en la tormenta,
gaviota al viento helado,
vuelo buscando la isla,
navego sin hallar el puerto,
tengo miedo de no volver
a encontrar jamás tu mano,
y me da  pánico saber
que si te pierdo, me pierdo...


¿Qué estas haciendo conmigo?
¿Con qué extraño sortilegio
has capturado mi  razón?
tu amor es una prisión
y  tu nombre mi veneno,


Esta noche la soledad
hizo delirar mi pluma
hasta la desesperación,
hizo temblar mi corazón,
Al fin nació una lagrima,
Y del llanto se alzó una flor,
Del adiós brotó una rosa
fugitiva rosa de amor...

domingo, 22 de marzo de 2015

La isla de la Imaginación

Hola a todos,

Pronto saldrá a la venta en Amazon mi libro:

La isla de la Imaginación

Está destinado a lectores a partir de 7-8 años. Es cortito, unas cincuenta páginas, divertido, y creo que cambia un poco de la literatura habitual para niños de esta edad. 
Lo escribí para mi hijo, con la intención de que se aficionara a la lectura, y creo que lo conseguí...

Así que toma nota si tienes hermanos, hijos, sobrinos, nietos, porque les va a encantar. 

Pronto adelantaré fotos de la portada y sinopsis.

Un saludo

Domingo lluvioso





Buenos días a todos.

La mañana tirita y se acurruca en su abrigo de niebla. La primavera aún dormida sueña con volver a ver el brillante sol que le hará florecer. La lluvia cae sobre mi jardín, y sobre mi alma trayéndome nostalgia, añoranzas y recuerdos de otros tiempos, otros lugares.

Me gusta reencontrarme con vosotros. Aún no sé mucho de los que pasáis por aquí, pero me emociona pensar que tomáis un ratito de vuestra vida para leerme. Me gustaría saber más...

Este es un blog donde el autor quiere conocer a sus lectores, y no se preocupa solo de estadisticas, este es un blog que ha venido para quedarse y no desaparecerá de un día para otro sin dejar rastro.
Este es mi rincón favorito, y quiero que también sea el vuestro. Está creado para dar a conocer mi trabajo, darme a conocer, pero también para conoceros. Valoro y respeto todos y cada uno de mis lectores.

Sé que muchos no os atrevéis a dejar comentarios, a opinar, y lo entiendo, pero quiero que sepáis que no espero comentarios tecnicos, ni esmeradas reseñas  literarias, solo vuestro saludo, saber vuestro nombre, de dónde soís.

Una última cosa, si os gustan mis relatos, tal vez os animéis a seguir este blog. Me haría feliz contar con vosotros.

Feliz domingo a todos!

viernes, 20 de marzo de 2015

Hoy entra la primavera





















Hoy entra la primavera, aún es timida pero promete...

Quiero agradeceros vuestras visitas, amigos de todas partes, aunque no os conozca. Por favor no dudéis en dejarme comentarios, opiniones, os lo agradeceré y contestaré a todos los que me dejen mensaje. Si os gusta lo que escribo, podéis seguirme aquí en el blog y suscribiros a las entradas.

Feliz fin de semana, y feliz primavera !

miércoles, 18 de marzo de 2015

Recordando Normandia

















Buenos días a todos


Hoy es un día gris y nublado, un día melancólico... Me recuerda Normandía, tierra donde me crié. Hace un día perfecto para escribir, mirando como llueve por la ventana.

martes, 17 de marzo de 2015

Buenas noches, 

Os dejo un nuevo relato, esperando que os guste. No dudéis en dejarme un comentario, compartir vuestras impresiones. Si os gustan mis relatos, podéis seguir mi blog o suscribiros a mis entradas. 

Michèle

La leyenda de Aymara


La leyenda de Aymara
Los lotos sagrados de la luz

Cuando sonaron las trompetas sagradas del templo, la esfera de cristal centelleante del oráculo empezó a vibrar y se alzó lentamente hasta situarse unos centímetros por encima de su pedestal. Poco después, se abrió como una flor, desplegando sus pétalos, y descubriendo una diminuta hélice central. Se elevó hacia el cielo girando sobre sí misma con un suave silbido, mientras lanzaba  una lluvia de destellos irisados sobre los habitantes de Onyria. Un murmullo admirado recorrió como una gran ola la asamblea. ¡La suerte estaba echada!
Conteniendo el aliento, los espectadores contemplaron boquiabiertos su gracioso revoloteo  debajo de la hermosa cúpula transparente del templo. De repente, se paró justo en medio de la estancia, en el punto más alto de la bóveda. Todos los ojos miraron hacia arriba, expectantes. La pequeña esfera se desintegró de repente en una explosión de luz. Miles de diminutas partículas luminosas cayeron formando un remolino que empezó a girar cada vez más de prisa hasta dirigirse como una flecha de luz hacia la persona que había sido escogida entre los asistentes.
─ ¡Aymara! ─ gritó la muchedumbre asombrada.
Y Aymara, aturdida, contempló con una mezcla de sorpresa y desconcierto su joven cuerpo bañado en la luz divina, a todos los habitantes de Onyria aclamándola de pie, a sus padres mirándola atónitos y apesadumbrados.
En aquel preciso momento supo que su vida acababa de dar un giro dramático, y que nada volvería a ser igual. El oráculo de la Diosa acababa de escogerla entre todos sus fieles para salvar a Onyria, y no estaba muy segura de estar a la altura de los acontecimientos que se avecinaban.

            Horas después, y terminada la ceremonia, Aymara se apresuró a regresar a casa. Sus padres eran mayores y se habían marchado mucho antes, agotados. La luz solar estaba menguando y a lo lejos, los primeros murciélagos gigantes empezaban a surcar los cielos. Tenía que volver antes que se hiciera de noche. Subió a lomos de su inseparable amiga Lían y dejó atrás las suaves colinas multicolores sobre las que se erigía el templo. Mientras la hermosa libélula volaba ligera por encima de la ciudad, Aymara contempló las cúpulas resplandecientes de Onyria, sus calles y sus puentes de cristal, la belleza de las plantas y las flores y no pudo evitar emocionarse. Su mundo, su hermoso mundo estaba amenazado.  Igneus, el dios del volcán, había despertado después de años, y siguiendo las instrucciones de Morlock, empezaba a expulsar cenizas y gases tóxicos.
Lían hablaba sin parar, intentando parecer animada pero Aymara la conocía  demasiado para no percibir su preocupación. Poco después, y con voz inaudible, Lían se sinceró.
            ─Onyria se está muriendo─ murmuró observando el cielo─ mira los soles, casi no se distinguen.
            Mientras señalaba a los dos astros gemelos, dejó escapar un pequeño sollozo. Aymara no supo qué contestar, y observó con tristeza cómo el delicado cuerpo azulado de la libélula temblaba de emoción. Estaba llorando.
            ─Esto es lo que quiere conseguir este monstruo ─añadió podo después apesadumbrada ─, destruir nuestro mundo y todas sus criaturas, acabar con la luz.
            ─¿Cómo hemos llegado  a este extremo? ─ preguntó Aymara─, la luz y la oscuridad siempre han existido, hemos vivido durante siglos en armonía, ¿por qué se ha destruido este equilibrio?
            ─Siempre han existido batallas entre las fuerzas de la luz y las de la oscuridad, y esto que llamas equilibrio quizás no haya sido más que una larga tregua─ explicó la libélula─. Por lo visto Morlock y sus murciélagos se han cansado de la paz.
            ─¿Así, de repente? ─preguntó la niña con los ojos llenos de lágrimas─ no lo puedo entender.
            ─No tan de repente amiga, te olvidas que el rey Morlock lleva años intentando desposar a Shaya, y por lo visto no ha podido soportar sus repetidos rechazos. No ha conseguido el amor de la Diosa, ni ha podido apoderarse de Onyria, así que ha decidido destruirla y acabar con su mundo.
            ─Nuestra diosa con este monstruo ─murmuró Aymara horrorizada─, no puedo ni imaginarlo.
            ─Tienes razón, sería inconcebible, impensable, la luz y la oscuridad no pueden unirse bajo ningún concepto…
            ─¿Pero por qué le está ayudando el Dios del volcán? ¿Por qué nos está asfixiando día tras día lanzándonos estas horribles cenizas?
            ─Igneus  es un Dios iracundo, impredecible. Lleva siglos adormilado y ahora que se ha despertado, está deseando exhibir su poder.
─¿Convirtiéndose en nuestro enemigo? ¿Por qué?
─Me imagino que Morlock le habrá prometido algo a cambio de su traición.
            ─Ya… y por desgracia ya estamos viendo su obra, las nubes son cada vez más densas, las cenizas empiezan a cubrir los árboles y los bosques, el calor de nuestros soles cada vez nos llega con más dificultad…        
            ─Aymara, agárrate, necesito posarme enseguida…
            ─¿Te encuentras bien Lían? ¿Qué te ocurre?
            ─Sin sol, sin luz ni calor, apenas tengo energía para volar, y cada día me siento más agotada. Además… este olor a azufre me pone enferma.
            ─Déjame aquí mismo y vete a casa amiga, continuaré andando.
            La libélula se posó suavemente en un claro del bosque. Aymara la abrazó tiernamente. Observó con pesar que los grandes ojos de su amiga estaban tristes y que sus maravillosas alas estaban perdiendo su brillo. Respiraba con dificultad, estaba enferma.
─¿Qué vas a hacer pequeña?─preguntó Lían antes de marchar─ estoy preocupada por ti. ¿Cómo piensas cumplir tu misión?
Aymara suspiró pensativa. Sus grandes ojos verdes reflejaban un total desamparo. En su larga melena negra, se habían depositado algunas cenizas traídas por el viento. No hacía frio pero la niña estaba temblando.
─No sé por dónde empezar, no soy una heroína. Acabo de cumplir quince años, y no entiendo por qué el oráculo de Shaya me ha escogido. ¿Cómo puedo yo salvar al pueblo de Onyria? ¿A quién pido ayuda? La diosa ya no está aquí para protegernos, y entiendo que se haya marchado para refugiarse en un lugar secreto, pero desde entonces, Morlock e Igneus se están haciendo cada día más fuertes. ¡Estamos perdidos!
Lían acarició el rostro de su amiga con una de sus delicadas patas y murmuró:
─Tú eres la elegida. Shaya te ha designado porque solo tú puedes lograrlo. Aún no comprendes cómo, pero todo se irá aclarando. Tienes que aceptar tu destino.
─Lo acepto, pero… no sé qué hacer, ni cómo cumplirlo. ¿Quién me podría aconsejar?
Lían reflexionó unos instantes y poco después sus ojos se iluminaron.
─Si hay alguien en Onyria capaz de ayudarte, es sin lugar a dudas Koriak.
─¿El decano de los búhos? 
─No sólo de los búhos, es el más antiguo habitante de Onyria, nadie conoce su edad y dicen que  su sabiduría es infinita.
─¿Cómo lo puedo encontrar y dónde?
─El te encontrará. Si de verdad le necesitas, responderá a tu llamada.
─Gracias Lían, lo haré. ¿Cómo vas a volver a tu casa si no puedes volar?
─Creo que aún tengo fuerzas para tele transportarme. No me gusta hacerlo pero no me queda más remedio hoy. Buenas noches.
La libélula desapareció  y poco después Aymara llegó a casa. Sus padres que llevaban horas esperando su regreso, estaban disgustados.  La decisión del oráculo ponía su única hija en peligro y por lo tanto se sentían abatidos, así que la cena transcurrió en una atmósfera algo triste. Aymara, que también se sentía algo deprimida, no fue capaz de tranquilizarles y prefirió retirarse pronto a su habitación.
Estaba a punto de quedarse dormida cuando una voz grave la llamó por su nombre.
─Aymara, ¡despierta!
Aymara se sobresaltó y miró por la ventana. En la repisa, bañado por la luz violeta de la luna, distinguió una silueta… un  búho.
─¿Koriak?
─ ¡Ábreme pequeña, tenemos que hablar!
Aymara saltó de la cama con el corazón acelerado por la emoción y abrió la ventana de par en par. El búho entró volando y se posó en la cabecera de la cama.
─Así que tú eres la elegida de Shaya, enhorabuena.
─No sé si alegrarme, creo que ha habido un error, yo no soy capaz… no sé cómo…
─Tranquila Aymara, el oráculo nunca se equivoca. Si te eligió, significa que tú y sólo tú puedes cumplir esta misión.
─¿Cómo puedo  librar a Onyria de la oscuridad, de las nubes de cenizas, conseguir que la luz de nuestros soles nos alumbre como antes? Tendría que vencer al rey Morlock y a su ejército de murciélagos y también al dios del volcán. Todos ellos tienen poderes maléficos y yo solo soy una niña.
─Tú también tienes poderes que ellos ignoran. Puedes comunicarte telepáticamente con tu pueblo, puedes tele transportarte, crear fuego y generar luz en caso de peligro. Y también… puedes volar si tu vida depende de ello. Los murciélagos no lo saben porque desconocen al pueblo de Onyria, son seres primitivos, casi ciegos, que rehúyen de la luz. En sus debilidades radica tu fuerza: tú eres luz, pureza, inocencia. Esta es tu magia y te ayudará en esta misión. Pero hay algo más.
─Espero que lo haya porque por mucho que me animes, me siento incapaz de salvar a mi pueblo, no sé por dónde empezar.
─No te desesperes ─murmuró el búho en tono reconfortante─ estoy aquí para ayudarte. Aunque te parezca imposible, tú puedes vencer a las tinieblas.
─¿Cómo? ─preguntó Aymara incrédula.
─Existe una flor, una delicada y maravillosa flor, capaz de acabar con la oscuridad y la negrura.  Se trata del loto sagrado de la luz. Crece en aguas cenagosas en el fondo de un pantano oscuro. Este paraje desolado se halla cerca de la morada del dios Igneus, lo llaman el  Valle sin retorno. Las semillas del loto germinan y crecen muy rápidamente. Buscan la luz y el calor y para conseguirlo se alimentan de la oscuridad, absorben las cenizas y las impurezas del aire devolviendo al ambiente su pureza.  Si eres capaz de llegar hasta allí y traer un puñado de sus semillas, habrás cumplido tu misión.
─Lo haré─ decidió la niña con los ojos brillantes─, iré hasta el Valle sin Retorno,  encontraré el loto sagrado y traeré sus semillas.
─Eres una chica valiente Aymara, la diosa no se ha equivocado al elegirte.  Descansa esta noche y mañana al alba nos pondremos en marcha. Te guiaré hasta la frontera de Onyria, pero solo hasta  allí. Después deberás continuar sola.

Aquella fue una de las noches más largas de la vida de Aymara. Transcurrió lentamente, poblada de pesadillas, murciélagos gigantes y negrura infinita. Vio en  sueños los lotos sagrados, sus semillas luminosas,  pero cada vez que las iba a recoger, desaparecían.
Por fin llegó el alba y Koriak tosió discretamente para despertarla. Aymara se levantó de golpe, se vistió, y después de dejar una nota a sus padres, salió de casa acompañada del búho. La luna violeta de Onyria aún se distinguía en el cielo, pero sus rayos no conseguían traspasar la atmósfera opaca, densa, cargada de cenizas y olor a azufre.
─Debemos apresurarnos ─ aconsejó Koriak─ Morlock y Igneus han decidido aumentar su asedio, Onyria se está asfixiando. ¡Mira el cielo!
Aymara contempló a lo lejos cómo las nubes oscuras se acumulaban en torno a las cúpulas del templo, quitándole la luz y el aire, y supo que si no lograba cumplir su misión, sería el fin de su mundo.
El camino era largo y difícil, Koriak se lo había avisado la víspera y debían recorrerlo andando. No podían bajo ningún concepto utilizar sus poderes para tele transportarse o recurrir a la magia. De hacerlo, Morlock los descubriría al instante. Siguiendo las instrucciones de Koriak, Aymara sólo se llevó un bolso, se vistió con ropajes oscuros y se recogió el pelo. Debía pasar desapercibida  y taparse, porque según el viejo sabio, la luz que emanaba su cuerpo podía atraer a  una de las especies más mortíferas del reino de las tinieblas: el vampiro fotófago. La mayoría de los murciélagos se solían alimentar de insectos, otros de bayas y muy pocas especies de pequeñas presas. Pero esta clase de vampiro, la más grande de todos,  se alimentaba de luz. Atacaba a las criaturas de Onyria y cuando conseguía morderlas, absorbía toda su energía dejándolas exangües.
Después de una larga y silenciosa caminata, Koriak y Aymara llegaron a los confines de Onyria, lugar donde se tenían que separar.
─Te deseo mucha suerte en esta empresa. Que el poder y la sabiduría de Shaya te acompañen Aymara. Acuérdate que estamos conectados, si necesitas consejo, llámame.
─Descuida Koriak, lo haré… muchas gracias por todo.
─Recuérdalo niña, tu pueblo depende de ti. Cuídate de los vampiros, no uses la magia a no ser que tu vida dependa de ello, y ten fe en ti misma. Puedes conseguirlo.

Poco después, Koriak se marchó y Aymara se encontró sola frente a un paisaje  siniestro. Divisó  a lo lejos el volcán emergiendo de la niebla y un poco más allá… el valle sin retorno, su destino. Pensativa, contempló la inmensa planicie que aún tenía que cruzar para llegar hasta allá. La vegetación era casi inexistente, sólo crecía una hierba escasa entre las rocas oscuras y un viento helado azotaba  la tierra estéril donde no se divisaba ni un árbol.
Calculó que necesitaría por lo menos una hora para atravesar este paraje desolado y la llanura no le ofrecía ningún lugar donde esconderse. Se acordó de los vampiros y se estremeció. Emprendió el camino a pesar del miedo que intentaba apoderarse de su espíritu y del frío que entumecía su cuerpo. La landa era un lugar inhóspito y solitario dónde se sentía amenazada y vulnerable. Tenía que salir de allí cuanto antes, no podía permitirse parar a descansar ni un minuto. Aquel lugar encerraba algo maléfico. Lo presentía.
La sensación de que alguien la seguía o la observaba se hacía cada vez más evidente. Aymara se paró y miró a su alrededor. El cielo, de un horrible color plomizo, estaba vacío. No había nadie delante ni detrás, sin embargo sentía una opresión, un malestar inexplicable.
Continuó su camino apretando  el paso, con la cabeza agachada y el cuerpo encogido, para no sentir el gélido abrazo del viento. Notó en varias ocasiones que algo le estaba acechando en la sombra y tuvo miedo de no ser capaz de continuar pero se sobrepuso. Quedaba poco para llegar al volcán, apenas unos metros, un esfuerzo más y lo habría conseguido. Cuando por fin lo logró, miró hacia atrás y sonrió. Alejarse de las lúgubres landas que acababa de atravesar, le producía una sensación de profundo alivio,  como si acabara de salvarse de un gran peligro.
Se sentó unos segundos en una gran piedra volcánica para descansar y beber un sorbo de agua. Fue en este preciso instante cuando  la atacó Rapax, el más cruel de los vampiros. No tuvo tiempo de ver de dónde había salido, se vio envuelta de repente en dos inmensas alas viscosas, vislumbró un horrible hocico de rata, dos dientes largos y afilados, notó un aliento fétido sobre su rostro, y sólo tuvo tiempo de pronunciar el conjuro.
─Invoco a Shaya, diosa de Onyria. ¡Que te ciegue su luz!
Un relámpago de luz de un blanco intenso deslumbró al animal que cayó retorciéndose en el suelo antes de huir despavorido. Aymara se levantó de un salto y se alejó corriendo sin mirar atrás, en dirección al volcán.
Tenía que darse prisa, acababa de utilizar la magia y esto avisaría sin duda a los murciélagos de Morlock. Era preciso alejarse de allí. En las laderas del volcán, el aire estaba casi irrespirable y grandes columnas de humo salían de su cráter. Aymara apretó el paso. Mientras corría en dirección al Valle sin retorno, echó la vista atrás, y vio que en el cielo volaban hacia ella decenas de murciélagos gigantes. ¡Estaba perdida!
─ ¡Koriak! ─llamó angustiada─ he usado la magia para librarme de un vampiro  y me han detectado los murciélagos. Estoy llegando al Valle sin Retorno… ¿Qué puedo hacer?
─Detente y ve hacia el cráter del volcán. Tienes que entrar en él y recoger azufre, todo el que puedas. Es fácil de reconocer por su color amarillo. Ve y llena tu bolso de esta substancia. No pierdas ni un instante.
Aymara no entendió por qué tenía que volver atrás para entrar en el cráter del volcán pero lo hizo sin cuestionarse. Tuvo que taparse la boca y aguantar la respiración mientras se adentraba en él y recogía las piedras de azufre. Mientras lo hacía, oía el estruendo provocado por Igneus, contemplaba atónita a unos metros de ella los gases, las piedras y las grandes llamas que vomitaba el Dios iracundo. Sintió que estaba a punto de abrasarse pero resistió hasta llenar su bolsa de azufre. Después, salió tan de prisa como se lo permitieron sus piernas temblorosas y se alejó a toda prisa hacia el Valle sin retorno.
Los murciélagos, que se habían cansados de surcar el cielo sin encontrarla,  habían desaparecido. El adentrarse en el cráter del volcán había sido muy útil para despistarles. Aymara se alejó del lugar y caminó durante horas por un aciago paisaje que solo inspiraba tristeza y desolación. Ni un árbol, ni un animal, ni un rayo de sol. Se sentía descorazonada por las nubes oscuras y maléficas y el viento gélido que azotaba su rostro pero contemplar esta tierra infausta le daba fuerzas para continuar. De no lograr su misión, Onyria se acabaría pareciendo a este infierno.
Por fin, después de dejar atrás las últimas colinas, se encontró delante del gran pantano, en el mismo corazón del  Valle sin retorno. Sus maléficas aguas cenagosas parecían encerrar una sorda amenaza, y todo estaba muy oscuro, como si se hubiera hecho de noche. Resultaba impensable que en un lugar tan tétrico pudiera crecer el sagrado loto de la luz.
─Koriak, estoy delante del pantano, pero no veo las flores por ninguna parte.
Todo está oscuro, los murciélagos se han ido pero creo que Rapax me ha estado siguiendo.
            ─Seguramente está esperando el momento oportuno para actuar. Para ver las flores tendrás que generar luz y mantenerla unos segundos hasta llegar hasta ellas. Para conseguirlo vas a tener que gastar mucha energía. Ten presente que en cuanto se apague la luz, Rapax te atacará y tendrá ventaja,  pues la oscuridad es su elemento. Y la única manera de derrotarlo será adelantándote a su ataque.
            ─¿Cómo?
─Haz un gran círculo de azufre alrededor de ti, será tu protección. Cuando el vampiro te ataque, préndele fuego y los vapores de la combustión lo mantendrán alejado. Quizá consigas escapar entonces.
─Tengo miedo Koriak, pero no por mí, sino por no conseguirlo.
            ─Lo conseguirás, estoy seguro. ¡Que Shaya te ilumine pequeña!
            Aymara cerró los ojos y respiró hondo, después se encomendó mentalmente a la diosa y después de unos segundos de concentración, reunió toda su energía y pronunció la frase:
            ─Que brille la luz de Shaya!
            El pantano se iluminó de repente y los ojos incrédulos de Aymara contemplaron dentro del agua un grupo de flores maravillosas: los lotos sagrados de la luz. Desgraciadamente, se dio cuenta también que el lugar estaba infestado de murciélagos, miles de ojos rojos relucían en la sombra, siniestros. Morlock había mandado su ejército tras ella y allí estaban, listos para atacar.
“Que Shaya me ampare” ─murmuró Aymara. y se puso a correr con desesperación hacia las flores. Al llegar cerca de ellas, formó rápidamente un gran círculo de azufre en el suelo vaciando el contenido de su bolsa y corrió hacia el agua. Se quedó sin respiración cuando se sumergió en las gélidas aguas. Los lotos se encontraban solo a cinco o seis pasos, pero el agua le llegaba al pecho cuando las alcanzó. Recogió a toda velocidad  todas las semillas que pudo guardar en su bolso y volvió hacia la orilla manteniéndolo en alto para que no se mojara su preciado botín. La luz que emanaba de su cuerpo ya estaba menguando y los murciélagos aleteaban, nerviosos.
Apenas estuvo fuera del agua,  saltó al interior del círculo protector justo antes de que se apagara la luz. Un gran ruido de alas le confirmó que el ataque había comenzado. Al borde del agotamiento, reunió sus últimas fuerzas para lanzar una llamarada que encendió el azufre. Las llamas azules empezaron a arder, produciendo nubes de gases sulfurosos. Los murciélagos se lanzaban una y otra vez contra el círculo protector y caían aturdidos después de rebotar contra esta barrera tóxica.
En aquel instante aparecieron sus dos enemigos Rapax y Morlock. Se lanzaron sobre ella con las alas abiertas. El círculo de fuego los detuvo en un primer momento, pero volvieron una y otra vez, furiosos, enseñando sus fauces. El resto de los murciélagos les apoyaban agolpándose alrededor del círculo,  amenazantes. No podía escapar. Aymara, al borde del agotamiento, visualizó el volcán, y con un último estallido de energía se tele transportó hasta allá.
Rodó por el suelo, aturdida. Afortunadamente, había conseguido llegar al otro lado de las peligrosas landas y no había rastros de los murciélagos, no habían tenido tiempo de reaccionar. Pero su alivio fue de corta duración. No había contado con Igneus. Una gran explosión la hizo sobresaltarse, el volcán entraba en erupción. Cuando se puso a correr, la lava incandescente bajaba en grandes ríos por la ladera de la montaña. Unos rugidos aterradores resonaban, el Dios estaba furioso, había decidido encargarse personalmente de ella. Apretando contra su cuerpo su precioso botín, siguió corriendo para escapar a la muerte.
─¿Aymara?¿Dónde estás? ─preguntó la voz de Koriak en su cabeza.
─He salido del valle y tengo las semillas, pero no sé si lo conseguiré. Igneus se ha despertado y me persigue.  La lava me está alcanzando…
─¡Corre pequeña, corre, por lo que más quieras!
─No puedo más, no me quedan fuerzas, no lo voy a conseguir.
─Entonces invoca a Shaya y vuela, es tu última oportunidad.
─Pero ¿Cómo? Nunca lo he hecho antes…
─ ¡Simplemente, hazlo!
Aymara notó a sus espaldas el aliento abrasador de Igneus y reuniendo sus últimas fuerzas, abrió sus brazos de par en par, y saltó con todas sus fuerzas gritando:
─Shaya, ¡Ayúdame!
Toda sensación de gravidez desapareció y Aymara se elevó suavemente por el cielo. Incrédula y aturdida, contempló la tierra allá abajo, los ríos de lava que habían estado a punto de  sepultarla, el volcán furioso vomitando su odio y su cólera. Sintió con alivio el viento fresco en sus cabellos y por un momento lo olvidó todo, embargada por la euforia, la alegría indescriptible de volar. La frontera de Onyria estaba cerca y mientras apretaba contra su cuerpo las semillas del loto sagrado, se sintió profundamente feliz y emocionada. ¡Lo había conseguido!
─Koriak, estoy volando, lo he conseguido, estoy volando…
─Shaya no se equivoca nunca en sus elecciones Aymara, sabía que tú podrías salvar a Onyria y así fue. Así que regresa a casa amiga, tu pueblo te espera.

Aymara dejó atrás la siniestra tierra de las tinieblas y continuó su vuelo con el corazón henchido de alegría y emoción. Cuando por fin cruzó la frontera y divisó las primeras cúpulas de cristal de su tierra, supo que su misión había terminado y un sentimiento de plenitud  la invadió.
Sin saberlo, había entrado a formar parte para siempre de la leyenda de Onyria.

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sábado, 14 de marzo de 2015

Ma France (extrait de Ma France)




Ma France 

Ma France est beaucoup plus
Que le nom d'un pays,
C'est l'enfance perdue,
La distance et l'oubli,
Les années disparues
Qui ne reviendront plus,
Souvenirs d'une vie,
Si  lointaine aujoud'hui...

Ma France, c'est aussi
Le chemin de l'école,
Mon frère, mon ami,
Mon cartable à l'épaule,
Aujourd'hui englouti
Par l'absence et l'oubli,
C'est mon coeur qui se brise,
Lorsque je pense à lui.

Ma France c'était tout
L'avenir à mes pieds,
La vie qui commençait,
Fraîche et tendre à croquer,
Les amours, les études,
Les folles inquietudes,
Le bonheur, l'amour fou,
La vie, la liberté...

Ma France, je t´écris de trop loin aujoud'hui,
Lettre teintée d'absence et de mélancolie,
Je t'invoque en silence et cache la blessure,
De l'éternelle absence, de cette déchirure,

Et je ferme les yeux, murmurant en silence,
Ma France...



Chagrin (extrait de Ma France)






Chagrin

Petite aux grands yeux noirs
Je connais ta douleur
Et les espoirs trahis 
De ta petite enfance,
Les craintes, les angoisses,
Et la désespérance,
Donnes-moi tes chagrins, 
Poses-les sur mon coeur...

Toi, colombe blessée 
Par les vents du hasard
Toi, fragile voilier
Perdu dans le brouillard,
Tu chavires et tes yeux
S'inondent de tristesse, 
Ton coeur est silencieux,
Tu frôles la détresse...

Mon enfant, le passé
N'est plus qu'un cauchemar
Tu ne dois plus tourner
Vers l'hier ton regard

Souris et prends ma main,
La vie te tend son coeur., 
Pour toi le lendemain,
Tresse un tapis de fleurs.

Sors de ta nuit, de ton malheur,
Ouvres tes bras, ouvre ton coeur
Oublie tes souvenirs amers, 
Envoles-toi vers la lumière.

lunes, 9 de marzo de 2015

Lo prometido...

Lo prometido es deuda. Aquí teneís el nuevo relato.



El legado de Azahara



Sirhan  creía en el destino, así se lo habían enseñado sus padres y los padres de sus padres. Creía firmemente que un poder sobrenatural guiaba su vida y la de cualquier ser, hacia un fin misterioso que no podía eludirse.
            Sabía que había escogido un día pésimo para salir de la aldea, las pesadillas de la noche anterior se lo habían advertido, pero también le constaba que no había hombre en el mundo capaz de contrariar el destino, ya que nada podía hacerse para alterar su curso. Lo que tenía que ocurrir, ocurría siempre, irremediablemente. 
     Así que desoyendo las voces de la noche que le habían hablado de hechos dramáticos y violencia, se había ido de caza por la montaña con su inseparable amiga Daïa, como lo tenía planeado.
Sin embargo, a pesar de estas firmes convicciones, un malestar inexplicable le había acompañado durante toda el día y no había podido disimularlo. Daïa, que le conocía demasiado bien para no notar su semblante serio, no le había hecho preguntas, pero cuando ya regresaban a la aldea, decidió hablar.
─Dicen que las hordas de Al-Khem se acercan.
Sirhan no contestó. Los caballos caminaban en silencio, ascendiendo la última colina que les separaba del pueblo.
─Aseguran que el Rey Farid no va a poder detenerles ─añadió poco después.
            ─Nadie puede luchar contra Al-Khem ─murmuró por fin  su amigo con gesto preocupado─ es un adorador de las fuerzas oscuras.
─¿Un nigromante?─preguntó Daïa alarmada─¿Qué puede codiciar en Altaïra? Nuestro pueblo no tiene nada que ofrecerle, por lo menos nada deseable para alguien como él.
─Nada que sepamos aún ─puntualizó Sirhan─ pero si de verdad viene con sus tropas hasta aquí, por algo será.
Cuando estaban a punto de alcanzar la cumbre de la colina que dominaba el gran valle de Altaïra, desde donde podía verse la aldea y todos los alrededores, el siniestro presentimiento que había atenazado el  corazón de Sirhan se hizo más insoportable. Una mano de hierro apretaba su corazón, una insoportable opresión en el pecho le impedía respirar. Daïa captó su angustia y se adelantó, inquieta.
─Por todos los dioses…─murmuró con un sollozo ahogado─ ¡Al-Khem!
Todas las pesadillas de Sirhan se hicieron realidad en un instante y creyó que su   corazón iba a estallar dentro de su pecho cuando contempló una escena dantesca, impensable, sobrecogedora. Allá abajo, en el valle, su aldea ardía en llamas y grandes columnas de humo negro, se elevaban por el cielo.
Espolearon sus caballos y sin dudarlo, se lanzaron al galope por la vertiente escarpada de la montaña. Mientras Daïa, con la mirada perdida se dejaba llevar por su montura, incapaz de asimilar lo que sus ojos le revelaban, Sirhan, lívido y desencajado sabía de antemano lo que iban a encontrar al llegar a su pueblo: destrucción, ruinas incandescentes, cadáveres por doquier.
No encontraron nadie vivo en toda la aldea y sus casas no fueron una excepción. Nadie había sobrevivido a la masacre. Sirhan estaba pálido como la muerte, incapaz de articular palabra. Daïa no podía dejar de llorar y miraba con ojos exorbitados por el horror entorno a sí, sin podérselo creer.
De repente, una voz quejumbrosa rompió el silencio atronador.
─¡Daïa!
Se precipitaron hacia la casa del curandero de dónde provenía la débil llamada y le encontraron agonizando. Yacía en el suelo en un charco de sangre, con una gran herida en la cabeza.
─Daïa ─murmuró con ojos que reflejaban la llegada inminente de la muerte ─ tienes que salvarla. Al desierto…tienes que ir al desierto.
─No te entiendo Khalil  ¿A quién tengo que salvar? ¿De qué desierto hablas?
─Me estoy muriendo Daïa, no queda tiempo. Busca a Azahara. Si Al-Khem se apodera de ella, conseguirá ser invencible, inmortal. Azahara tiene el secreto de la inmortalidad  y no debe caer en sus manos… Debes impedirlo. Coge mi medallón, te protegerá, y Azahara sabrá al verlo que te envío. Al Arahat, vete al desierto de Al Arahat, la encontrarás allí.
Los ojos vidriosos del anciano se cerraron para siempre después de pronunciar esas palabras. Daïa se derrumbó de repente y comenzó a sollozar, abrazando el cuerpo del anciano que había sido su maestro durante tantos años.
─Vámonos Daïa ─murmuró Sirhan poco después con la voz rota por la emoción─, tenemos que marchar, aquí no queda nada, además, no estamos seguros. Pueden volver.
Daïa secó sus lágrimas y depositó un beso en la frente del anciano. Luego  retiró con delicadeza el medallón de su  cuello y lo escondió entre su ropa. Poco después, salieron al galope del pueblo. Prefirieron alejarse sin  mirar atrás, sabían que de haberlo hecho, hubieran visto entre las ruinas incandescentes  de su infancia, las cenizas de su inocencia y de su pureza.

Sauda apretó los puños con tal furia que, al hacerlo, sus afiladas uñas negras se hundieron en la palma de sus manos, haciendo brotar gotas de sangre en su piel lívida.
─ ¡Maldición! Todo ha sido en vano.
Su mirada malévola se volvió a hundir en el agua de la gran fuente de bronce  desde donde contemplaba una escena distante. Miró despectiva las tierras de Altaïra saqueadas por las tropas de Al-Khem, las llamas devorando los pueblos,  los muertos esparcidos por todas partes y masculló exasperada:
─¿Cómo ha podido desaparecer? Estaba justo allí, lo sé, no tenía que haber escapado…
─¿No será que estás perdiendo facultades Sauda? ─preguntó Al-Khem que acababa de entrar en la gran jaima─. Reconócelo, te has equivocado, y esto es imperdonable en una hechicera. 
─ ¡Jamás!─ contestó desafiante─ Sauda jamás se equivoca. He detectado magia en Altaïra, una magia extraordinaria, más poderosa que la de todos los brujos y hechiceros de tu reino, no hay duda posible. Es ella, Azahara.
─¿Cómo puedes estar tan segura?
─Percibo la magia blanca a distancia, su fuerza, su luz, su repugnante altruismo, es inconfundible.  Es ella, te lo repito. Su poder es capaz de destruirte, su magia supera la tuya, es indestructible porque posee el secreto de la inmortalidad.
─¿Qué tengo que hacer? ─preguntó Al-Khem con un brillo de codicia y locura en sus ojos crueles─, necesito apoderarme de este secreto.
─Lo sé, lo sé ─musitó Sauda con voz melosa, cantoneándose como una serpiente─ y por esto me necesitas, solo yo te puedo guiar hasta ella.
─Para esto la tendrías que encontrar primero ─ masculló Al-Khem despectivo.
─La encontraré mi Señor, la encontraré para  ti ─siseó Sauda con voz pérfida─, y cuando lo haya hecho, tendrás que desposarla, es la única manera de apoderarte de su secreto.
─¿Cómo es ella?─preguntó el nigromante con el rostro encendido por las ansias de poder.
─Dicen que su belleza es incomparable pero que puede cambiar de apariencia constantemente,  en ello radica su poder. Solo la he visto una vez, pero con esto bastará. Además, tampoco lo necesito para encontrarla, su magia me atraerá como un imán.
─¿Qué ocurre ahora mismo en Altaïra? ─preguntó Al-Khem─   mira el agua otra vez.
Sauda se volvió a inclinar sobre la fuente y de repente vio algo. Una sonrisa cruel se dibujó en su rostro oscuro, sus ojos amarillos se volvieron casi rojos, su lengua bífida siseó:
─Mira lo que tenemos aquí… por lo visto no han muerto todos en esta aldea.  Hay dos chicos jóvenes, están saliendo del pueblo y se encaminan hacia el desierto de Al Arahat. Seguro que saben dónde encontrarla. Llevan un amuleto o un objeto mágico, lo puedo sentir desde aquí.
─Lanzaré mi ejército tras ellos, debemos dar con ella antes de que lleguen.
─Lo que necesitamos ahora no es tu fuerza, sino mi magia. No conseguirán nada tu ejército ni tus soldados, deja actuar a los míos, nunca fallan.
─Que así sea ─cedió Al-Khem─ pero te aviso. Si lo consigues, te cubriré de oro, en caso contrario, no vivirás para contarlo.
─Prepara el oro entonces, mi Señor, Sauda nunca falla.
Al-Khem salió de la jaima de Sauda a grandes zancadas. Estaba contrariado y furioso sin saber por qué. De naturaleza supersticiosa, solía fiarse de sus sensaciones. Y hoy, tenía un mal presentimiento, por primera vez en muchos años dudaba. A pesar de sus esfuerzos, hoy Sauda no había conseguido convencerle.   

Mientras tanto, Sirhan y Daïa, después de galopar durante horas, habían  llegado a las puertas del desierto, y estaban descansando mientras sus caballos bebían agua de la última charca
─Sirhan, tengo una sensación extraña ─murmuró Daïa de repente─, no me encuentro bien.
Sirhan miró a su amiga y su mal aspecto le impactó. Habían pasado los dos por una de las jornadas más duras de su vida y era normal que lo acusara Daïa, pero había algo más, algo que no acertaba a definir. Él mismo se sentía raro, como si lo estuvieran observando.
─¿Dónde has puesto el medallón de Khalil?
─Lo he escondido dentro de mi bolsa.
─ ¡Póntelo ahora mismo! Khalil  dijo que te protegería, lo necesitarás.
Se pararon un instante para que Daïa pudiera buscar el amuleto. Cuando lo encontró, ambos lo contemplaron con respeto.
─Representa la Cruz del Sur ─murmuró Daïa poniéndose el medallón─, es una constelación que solo puede verse desde el desierto.
El resultado no se hizo esperar, Daïa recuperó su buen color instantáneamente, como si se hubiera quitado un peso de encima.
─Nos están vigilando ─observó preocupada─ ahora estoy segura, todo mi malestar se ha ido. Lo que me pasaba tiene que ver con Al-Khem y sus malas artes, significa que sabe dónde estamos. ¿Tú te encuentras bien?
Sirhan reconoció que estaba algo mareado y su amiga no lo dudó. Sacó de su bolsa unas hierbas y le preparó un té que sabía horrible pero era capaz de anular los efectos de la magia negra. Reemprendieron el camino poco después. Se sentían los dos mucho mejor, pero el cansancio y el abatimiento estaba haciendo mella en su ánimo.
Para no preocupar a su amiga, Sirhan se calló una pregunta que ardía en su corazón. ¿Cómo iban a encontrar a Azahara si no sabían nada de ella? ¿Quién era? ¿Qué edad tenía? ¿Cómo iban a reconocerla si no sabían ni qué aspecto tenia?
Decidieron que era mejor esperar al día siguiente para  adentrase en el desierto y optaron por buscar un sitio para pasar la noche. Escogieron una gruta cuya entrada disimularon con ramas y hojas. Después de hacerlo y de una breve conversación, se dejaron vencer finalmente por el sueño.
Mientras tanto, al amparo de la noche, los siniestros propósitos de sus enemigos  se estaban haciendo realidad. Ayudados por  la oscuridad y el cielo sin luna, las criaturas de Sauda estaban acercándose a la gruta.
Sirhan se sobresaltó y abrió los ojos de repente, algo andaba mal. Sus ojos recorrieron las paredes de la cueva, sumidas en las tinieblas hasta llegar a la entrada. Entonces los vio. Decenas de ojos rojos, brillando como ascuas en la oscuridad. Se levantó sin hacer ruido, y tapando la boca de Daïa para que no gritara, la despertó.
─Daïa, están aquí, nos han encontrado.
Después del primer sobresalto, Daïa se incorporó y vio a la entrada de la gruta las sombras que la acechaban.
─Son enviados de Al-Khem, criaturas de la noche ─explicó a Sirhan─ cobardes y temerosas. Debemos recoger nuestras cosas y salir de aquí.
─¿Cómo llegaremos a los caballos? ¿Cómo lucharemos contra ellos? No sabemos ni lo que son…─objetó su amigo.
─Son creaciones de la mente de Al-Khem o de sus brujos. Yo les combatiré con  lo que me enseñó Khalil, tú, prepara tu espada.
Al salir de la gruta, Daïa pronunció unas palabras extrañas y todo a su alrededor se iluminó. Decenas de hienas les rodeaban, amenazantes. Blandiendo su espada, Sirhan intentó abrirse paso entre las alimañas, pero a medida que las abatía, volvían a levantarse una y otra vez. Daïa pronunció un conjuro y una gran bola de fuego se materializó en sus manos. La tiró a las hienas que retrocedieron todas juntas.
─¡A los caballos! ¡Rápido!─ gritó Sirhan.
En un abrir y cerrar de ojos, recorrieron la distancia que les quedaba y se montaron  de un salto a los caballos.
Cuando se estaban alejando, una gran carcajada les hizo sobresaltarse. Daïa miró hacia atrás y  vio una hiena enorme, que se estaba transformando…
─¡Sauda! ─balbuceó atónita.
─¿Quién es?
─La más poderosa de todas las brujas, y probablemente la más malvada. Khalil me había prevenido contra ella. Seguro que está al servicio de Al-Khem.
 ─Tenemos que alejarnos antes de que reaccionen y nos sigan.
─Nos han dejado escapar precisamente para esto, para seguirnos. Si la suerte nos acompaña, encontraremos a Azahara antes que ellos. Sígueme.
Sirhan no preguntó. Ya había perdido su capacidad de sorprenderse, en pocas horas, su amiga de la infancia se había transformado en una muchacha desconocida, valiente, atrevida, y dotada de poderes que jamás hubiera imaginado.
Cabalgaron toda la noche, sin descanso, sabiendo que debían aprovechar la oscuridad para ganar tiempo. Sauda había perdido su rastro, y no podía verles ni mandar a sus criaturas maléficas contra ellos.
Cuando despuntó el alba, estaban extenuados y muertos de frío y los caballos parecían a punto de derrumbarse.
─Paremos un rato aquí─ propuso Sirhan. Necesitamos descansar.
─Y pensar… creo que tengo una idea de dónde puede estar Azahara.
Daïa le contó que según Khalil, existían unos sitios en el desierto dónde se podía observar la Cruz del Sur en todo su esplendor. Le había hablado de uno de ellos, un pequeño oasis que según sus cálculos no estaba muy lejos del lugar dónde se encontraban. 
─¿Por qué precisamente allí? ─preguntó su amigo─ ¿por qué escogió aquel lugar?
─La Cruz del Sur era su talismán, por esto decidió  confiar en ella para proteger a Azahara.
─Espero que nos guie hasta ella ─murmuró su amigo─, de lo contrario…
─No lo digas ─le interrumpió su amiga─ da mala suerte. Descansemos un rato, seguro que mañana lo vemos todo más claro.
No tardaron en quedarse dormidos profundamente. Contrariamente a lo que se imaginaban, la noche no les protegía, los ojos de Sauda eran más poderosos que las tinieblas, y sus tropas  ya estaban en camino hacia al lugar dónde se encontraban.
Daïa se despertó al alba,  con la sensación de que alguien les observaba. Se incorporó, preocupada y se dio cuenta de que los caballos habían desaparecido. En su lugar, descubrió atónita un animal de lo  más extraño.  Su cuerpo, de color turquesa, recordaba el de una salamanquesa,  pero era enorme, mucho más grande que un camello.  Cuando el reptil se acercó, lentamente, se quedó paralizada por el  miedo. Pero los ojos del animal le tranquilizaron, parecía pacífico, casi amistoso.
─Me gusta tu medallón ─murmuró con una voz profunda.
─¿Azahara? ─preguntó Daïa incrédula.
─Despierta a tu amigo Daïa, tenemos que marcharnos, las tropas de Sauda están al llegar.
Sirhan se levantó y, aunque su cara reflejaba una mezcla de terror y asombro, no hizo preguntas. Poco después, salían al galope sobre el lomo de Azahara, en dirección al oasis.
Azahara les explicó que aquel lugar era para ella el refugio más seguro. Sus aguas le daban fuerza y vigor, y conocía todos y cada uno de sus rincones. Podía burlar a sus perseguidores, cambiar de apariencia y esconderse fácilmente. Daïa  y Sirhan se miraron, desconcertados. No podían  evitar preguntarse por qué Khalil  les había mandado a ayudar a Azahara, parecía todo menos indefensa. Si su poder era tan grande,  si tenía el secreto de la inmortalidad, ¿de qué le podía servir la presencia de dos adolescentes?
─Puedo leer en vuestros corazones, niños ─murmuró el lagarto─ pero aún no puedo aclarar vuestras dudas. La verdad  os pondría en peligro. Khalil era un buen hombre, y os ha mandado hacia mí, porque os necesito a los dos, creedme. Ya lo comprenderéis.
─ ¡Azahara! ¡Mira detrás de nosotros! Están aquí ─gritó de repente Sirhan.
Cientos de escorpiones gigantes corrían detrás de ellos, eran tan numerosos que las arenas doradas se habían convertido en un mar ondulante de oscuras olas. Azahara galopaba cada vez más de prisa pero los repugnantes insectos iban ganando terreno hasta que…
Todo ocurrió muy rápido, como en un sueño, en un abrir y cerrar de ojos, Sirhan y Daïa se encontraron volando por encima de las dunas. Seguían a lomos de Azahara pero ya no era un reptil, sino un hermoso caballo alado de color plateado. La sensación del vuelo era tan maravillosa que por un momento los dos muchachos olvidaron sus preocupaciones y se pusieron a reír de pura alegría. Habían dejado atrás los escorpiones que ya no podían darles alcance.
La alegría fue de corta duración pues  a lo lejos, detrás de ellos, empezaron a vislumbrar lo que en un primer momento tomaron por murciélagos. Poco después se dieron cuenta de que se trataban de serpientes, serpientes aladas, infinidad de ellas que se acercaban siseando, ondulando  en el cielo. La visión era escalofriante y también desalentadora. Eran solo tres contra un ejército entero.
─Estamos perdidos ─ murmuró Daïa con tristeza─, jamás escaparemos. Son demasiado numerosos para vencerlos y la magia de Sauda es poderosa.
─Confía en mí, pequeña ─la tranquilizó Azahara─ y preparados los dos.
─¿Para qué?
─Para desaparecer─ contestó el hermoso animal con una carcajada.
Unos segundos después, seguían volando por el cielo pero se habían hecho invisibles a los ojos de las serpientes, que desconcertadas, dieron varias vueltas, volvieron atrás y surcaron el cielo en todas las direcciones sin conseguir encontrarles. Se habían volatilizado. Cuando se cansaron, dieron media vuelta y se marcharon tal como habían venido.
Mientras tanto, los tres amigos llegaban al oasis. Azahara se posó suavemente al pie de unas palmeras y poco después, volvieron a ser visibles.
─Necesito reponer fuerzas ─ murmuró con una voz cansada─ seguidme.
Se dirigió hasta el riachuelo que recorría el oasis y se sumergió completamente en sus aguas, bajo la atenta mirada de sus amigos. Cuando volvió a emerger a la superficie, ya no era caballo sino que había adoptado otra forma.
─¿Una serpiente? ─balbuceó Daïa asombrada─ ¿Esta es tu forma verdadera?, ¿la de una serpiente?
─De un Uróboros, es una de mis muchas formas─ murmuró la criatura ondulando suavemente a sus pies─, todas ellas son simbólicas y ninguna verdadera. La serpiente Uróboros que se muerde la cola simboliza la inmortalidad, la vida eterna, el aspecto cíclico de la existencia y esta es mi esencia.
─No consigo entenderlo─ contestó nerviosamente Sirhan, que hasta ahora había permanecido callado─ por mucho que lo intente, esto es demasiado para mí.
Azahara dejó escapar una risa melodiosa.
─Eres muy joven aún, y no puedes vencer las apariencias, las serpientes te provocan rechazo, lo puedo entender. Yo soy tan mayor que he superado hace tiempo el engaño de las apariencias, pero no importa… quiero que estés cómodo. Mírame ahora.
La serpiente se volvió a transformar en un instante y adoptó el aspecto de una muchacha joven, de una belleza deslumbrante.
─Tú… ¿tú eres mayor? ─balbuceó el muchacho sonrojado.
─No os podéis imaginar cuanto─ sonrió Azahara─ pero seguidme, quiero hablar con vosotros.
Azahara les llevó a una gruta que solo ella conocía. Entraron y se sentaron delante de ella, sabiendo que aquel iba a ser un momento importante. La belleza de Azahara era tal que casi dolía mirarla, y Sirhan no se sentía capaz de sostener su mirada. Intentaba no pensar, sabía que ella captaría al instante sus emociones. Daïa la miraba expectante, consciente de que les iba a revelar algo importante.
─Antes os he hablado antes de la inmortalidad ─comenzó mirándoles con una sonrisa luminosa─  y aunque os parezca contradictorio, tengo que continuar hablando de la muerte. Mi tiempo se acaba, estoy perdiendo facultades, y por este motivo, por esta debilidad Al-Khem y Sauda han sido capaces de detectarme, porque está fallando mi escudo protector.
─¿Cómo se puede acabar tu tiempo si eres inmortal? ─se sorprendió Sirhan.
─La inmortalidad, Sirhan, no significa vivir eternamente,  sino que algo de ti, de tu alma y de tu esencia continúa existiendo para siempre. Esta esencia divina,  puede transmitirse a través de los siglos y perdurar. Los amantes de las fuerzas oscuras quieren apoderarse de este precioso don de la inmortalidad creyendo que esto les hará invencibles. Lo que pretende Al-Khem, me imagino, es desposarme a la fuerza y robármelo. Pero yo no se lo voy a permitir. Puedo y quiero regalarlo, quiero ofrecerlo a la única persona que considero digna y merecedora de ello.
Azahara dejó de hablar y miró tiernamente a sus dos amigos que le estaban dedicando toda su atención. Luego, murmuró:
─A ti Daïa.
Daïa se sobresaltó y se puso de repente muy colorada.
─Azahara, yo… no soy digna…no me siento capaz…
─Khalil me habló de ti y no se equivocó, tu corazón es noble y tu alma pura. Si aceptas, heredarás mis poderes y sabiduría, así como este precioso don de la inmortalidad, y usarás estos conocimientos para el bien de todos, para aliviar el sufrimiento de los demás. Sirhan te protegerá, igual que Khalil me protegió durante toda su vida, y así se cumplirá mi destino y el vuestro.
Sirhan y Daïa se miraron con lágrimas en los ojos. Estas palabras parecían irremediables, sonaban a despedida.
─Daïa, está anocheciendo, se acerca el momento y necesito tu contestación. ¿Aceptas ser el receptáculo de la inmortalidad, permitirás que mi esencia perdure a través de ti?
─Sí, lo acepto ─murmuró Daïa emocionada.
─¿Y tú Sirhan, aceptas ser el protector de Daïa y cuidar de ella? 
─Claro que acepto.
─Entonces vámonos, ha llegado la hora. Debemos apresurarnos antes de que lleguen los siervos de Sauda.
Azahara les condujo hacia su lugar favorito, desde donde empezaba a brillar espléndida la Cruz del Sur.
─Pase lo que pase, no debéis asustaros, yo estaré bien. Mi cuerpo se quedará aquí para que las hordas de Al-Khem  me encuentren y den por finalizada su búsqueda. Vosotros tendréis que marchar sin perder un instante, Daïa es joven y fuerte, no podrán localizarla, su escudo protector es muy fuerte.  No tengáis miedo ni sintáis pena por mí, mi existencia ha sido muy larga y plena, además, seguiré viva, seguiré viviendo en ti, Daïa.
Se dieron la mano y miraron a las estrellas.   En aquel instante, una  luz maravillosa pasó  del corazón de Azahara al de Daïa y las mantuvo unidas durante unos instantes. Daïa sintió una sensación poderosa  recorrer su cuerpo y un estallido de energía en su interior. En aquel momento las manos de Azahara se soltaron de las suyas y su cuerpo cayó inerte en la arena.

Respetaron la voluntad de Azahara y reprimieron sus lágrimas. Cuando se marcharon del lugar, ya no eran Sirhan y Daïa, sino que se habían transformado en un maravilloso caballo alado de color plata y su jinete. Así fue como Daïa,  desplegando sus alas, se llevó volando a Sirhan lejos de Al-Arahat, hacia la cruz del sur, hacia su destino.