jueves, 30 de abril de 2015

Redecorando mi vida...



Hoy me despierto  tarareando una vieja canción que me encantaba años atrás. No sé si la música proviene del exterior y se ha colado por la ventana abierta de me cuarto, o si nace  de lo más profundo de mi ser,  expandiéndose en mi cuerpo y resonando en mi cabeza, el hecho es que me siento en la cama recordando otros tiempos al son de esta melodía.

La primavera aprovecha el momento para saludarme con el beso matutino de su brisa floral, recordándome viejas promesas incumplidas.
" Hoy es el día", parece susurrar, inundando mi habitación con su fresco aroma de jazmín y rosas, "no esperes más, cada día es único, y nunca más volverá."
Así que me levanto de un salto, como lo solía hacer cuando era un poco más joven, con un propósito firme: hoy voy a redecorar mi vida.

Empiezo por desempolvar la desidia depositada día tras día en los muebles de mi cotidianidad, arranco de las paredes del alma el viejo papel pintado de la rutina, enrollo la confortable pero ya descolorida alfombra de la seguridad, me deshago de las sabanas de melancolía bordadas con encajes de soledad, y abro de par en par las ventanas de mi vida para dejar entrar los vientos del cambio.

Saco uno por uno los muebles del pasado, vacío los cajones del rencor, abro la nevera y tiro sin contemplaciones los sinsabores, los malos tragos, las rupturas y los fracasos, de los cuales me he ido alimentando en horas bajas. 
Ya lo tengo decidido, ya no voy a almacenar los malos recuerdos ni atesorar las horas buenas, a partir de ahora, voy a vivir al día.

"A veces, menos es más", me reafirmo mirando perpleja la casa vacía.
Ahora solo quedo yo, y esta eterna sensación de “yo soy” que me acompaña desde que puedo recordar. Me siento ligera, vacía, purificada. Ahora sí puedo volver a empezar.

Extiendo sobre la cama una sábana fresca de hilo, inmaculada como la página aún en blanco de la vida que me queda por escribir. Contemplo las paredes desnudas, y de pronto, se vuelven lienzo, esperando que pinte en ellas mis emociones. Naranja, color de la alegría, verde canto a la naturaleza, azul como el cielo en verano, arco iris como la risa de los niños, el recuerdo de un beso, el amor compartido.


Luego, miro con satisfacción mi vida recién pintada, me preparo un té de flores de olvido,  y lo bebo poco a poco, sorbo a sorbo, saboreando la libertad recobrada.

martes, 28 de abril de 2015

Feliz día!

Hoy la vida me regala un nuevo día, lleno de promesas, y mi jardín me saluda ofreciéndome esta maravillosa flor























Me siento feliz de vivir lejos de la ciudad y del ruido, y de poder dedicarme a lo que más me gusta: escribir.

Pronto estará en Amazon mi novela Intemporalis, y espero que os guste.
No es una novela romántica, pero os llegará al corazón
No es una novela historica, pero refleja la vida cotidiana en Francia durante la segunda guerra mundial.
No es paranormal, pero si cuenta hechos que desafían nuestro concepto de realidad
Es una novela juvenil, pero es capaz de emocionar a todos, a todos los  que son jóvenes de corazón
Es diferente, tierna, entrañable, es inolvidable

Intemporalis en mayo en Amazon


Ya a la venta
¿A vuestros hijos no les gusta leer? ¿Por qué no probar a darles algo diferente?
Os invito a comprar para vuestros hijos, hermanos, sobrinos, nietos, conocidos
La isla de la imaginación.
 



Es una magnífica manera de iniciar a los pequeños en la lectura, regalandoles diversión, aventuras, sueños, y, sobre todo estimulando su imaginación. El libro está a un precio mínimo, al alcance de todos, no os lo perdáis.
Feliz día!

miércoles, 22 de abril de 2015

Ayer




Vengo de otro lugar, de tierras lejanas,
olvidé mi niñez  en otro horizonte,
en un océano de verdes praderas
en playas desiertas, en playas del Norte
donde se olvidaron todas las promesas,
y donde el tiempo inexorablemente
dejó ya sus huellas…


Partiré mañana en busca del ayer,
encontraré la fuente malva
de las aguas del pasado,
lloraré en silencio al atardecer,
recordando esta quimera
que hace ya tanto tiempo
me hizo dejar mi tierra.
Me voy un poco más sola,
En busca de mi identidad,
Peregrino de nostalgia...


Recordaré los errores
y los momentos felices,
recorriendo poco a poco
el camino de los años.
Me perdonaré los daños,
me perdonaré el fracaso


Y después de este balance
los recuerdos reuniré,,
la pasión y el desamor,
la soledad y el rencor.
Mirando el horizonte,
repetiré que nunca más
volveré a llorar por nadie.
Encenderé un gran fuego
donde se quemará todo...


El viento llevará hacia el mar
el humo gris del pasado,.
y podré por fin olvidar
desechándolo todo


Y luego, recién nacido,
podré volver a comenzar...



Intemporalis

Buenas tardes a todos,

Estoy inmersa en la preparación de la publicación de mi novela Intemporalis, como ya os lo anuncié, días atrás.

Os adelanto la sinopsis:


Francia, junio de 1998. Un pequeño pueblo de Normandía, una antigua mansión, un lago rodeado de niebla…
Todo empieza cuando Alex, que acaba de llegar a la propiedad de la condesa de Caumont, se desorienta  durante un paseo en barca. Perdido en la bruma, repara en una chica misteriosa que parece observarle desde la orilla del lago. Impresionado por la visión, decide volver para intentar conocerla. A partir de entonces, se sucederán acontecimientos inimaginables, que darán un vuelco a su existencia.
El verano de aquel año marcará para siempre su vida. Por primera vez Alex descubrirá el amor, se enfrentará a la fuerza del destino y conocerá el valor de la amistad verdadera. Luchará  con el ímpetu de su juventud para cambiar el futuro,  con la esperanza de que conseguirá  vencer al tiempo, la guerra y la muerte.



lunes, 20 de abril de 2015

La isla de la imaginación

Buenas tardes,

Ya está a la venta en Amazon mi libro, y me siento nerviosa como una madre primeriza!
No es mi primer libro, pero sí tiene una connotación especial para mí.

Creo que en la literatura infantil, hace falta voces nuevas, encontrar maneras de que los pequeños realmente se lo pasen bien leyendo.

Si piensas igual que yo, te aconsejo que apuestes por La isla de la imaginación, porque ante todo es divertido, engancha, y gusta a los pequeños.




sábado, 18 de abril de 2015

La isla de la imaginación, mañana es el día!

Buenas tardes a todos.

Por fin ha llegado el momento, mañana sale a la venta en Amazon en Kindle y versión Papel, La isla de la imaginación.

¿Por qué escogí precisamente esta fecha? Porque mañana es el cumpleaños de mi hijo, Jonathan, y escribí esta historia para él,  como ya os lo conté. Es una fecha especial para mí en todos los sentidos, y, siendo SU libro, no podía escoger otra.

Espero que seais muchos los que os decidáis a leer La isla de la imaginación, He intentado ponerla a la venta con un precio mínimo que os permita a todos poder comprarlo. En papel, es un poquito más caro, pero sigue siendo muy asequible. 

Así que no os lo perdáis! Apostad por La isla de la imaginación para regalar a vuestros hermanos, hijos, nietos, primos, para todos los pequeños a partir de  7 años, no os arrepentiréis.

Y una última cosa, por favor dejadme vuestra opinión en Amazon. 

Feliz tarde a todos!

jueves, 16 de abril de 2015

LLuvias (Los cuadernos del desamor)





La lluvia comienza su balada triste
en la pizarra gris del tiempo perdido,
se muere el verano, tormenta al horizonte,
es hora de buscar la paz del refugio,
hora de recoger lo que ayer se sembró...
  
Sembraste la distancia, hoy recoge el olvido,
se burla la lluvia sobre el tejado,
no existe la ausencia,
me río del olvido,
mi amor sobrevivirá al verano...
  
Detrás de los cristales,
un cielo de plomo
y el jardín llora
su reciente abandono,
en un sillón mojado,
un libro olvidado,
viejas poesías
que deshoja el viento,
como aquellos días
llevados por el tiempo...
  
Lluvias interminables
tiempo de añoranza,
cuando la poesía
se enfrenta a la  verdad,
primeras hojas muertas
sobre las ilusiones,
cuando en la playa desierta
tirita el porvenir,
como mi esperanza
que no quiere morir...

Souvenir (Ma France)





Lorsque j’étais enfant, j’aimais de bon matin,
Réchauffer mes deux mains sur un grand bol de lait,
Descendre les trois marches menant au jardin,
Et terminer mes rêves assis sur l’escalier,


L’existence n’était qu’un livre aux pages blanches,
Où ma plume insouciante écrivait sans penser,
Tout me semblait possible et tout me souriait,
La vie n’était pour moi qu’un éternel dimanche,


Puis je pris mon envol, en laissant en arrière,
Les souvenirs heureux et les tendres années,
Frémissant d’impatience, piétinant le passé,
Je m’enfuis vers le Sud en oubliant l’hiver,



Et de cette ville étrangère à mon cœur,
Que je t’écris  ma France et rallume la flamme,
Qu’aujourd’hui je ramasse les lambeaux de mon âme,
Pour retrouver en moi, de l’hier la couleur


Lorsque j’étais enfant,
Je ne t’aimais pas tant…



domingo, 12 de abril de 2015

La isla de la imaginación






























 

Ya está en preventa en Amazon este libro que escribí para mi hijo, en el tiempo en que odiaba leer! La isla de la imaginación.
A los pequeños a partir de 7 años, les encantará. Es divertido, tiene enigmas, aventuras, un tesoro, y no es muy largo!

El 19 de Abril sale a la venta en Amazon versión Kindle y papel, así que no os lo perdáis. 
Es el primer libro que auto publico, pero desde luego no es el último.


Diseño de portada y maquetación Alexia Jorques


Feliz domingo

A ti, que en algún lugar me estás leyendo...

Te preguntarás tal vez, por qué hay tantas entradas en esta página, en tan poco tiempo.

La respuesta es muy simple.

He guardado mi trabajo durante años en un cajón, esperando a que alguna editorial me hiciera alguna propuesta decente, pero como lo puedes imaginar, me he cansado de esperar...

Hoy decido abrir de par en par las puertas de mi vida, para que entre el viento fresco, salir del anonimato, y entregarte mi trabajo y mi alma, esperando compartir las emociones que me llevaron a escribir estas poesías, estos relatos.

 Si te gusta lo que lees, no dudes en seguirme y en dejarme tu opinión.

Les yeux vers l'aube




Je tremperai ma plume à l’encre de tes larmes

et j’écrirai je t’aime, sur les ailes du vent,

les guerriers du temps déposeront leurs armes,

nous vivrons désormais notre amour au présent



Ne nous souvenant plus d’anciennes lassitudes,

nous laverons nos plaies dans l’eau bleue de l’oubli,

rien ne pourra troubler notre béatitude,

les yeux vers l’aube enfin, le cœur vers l’infini


Les jours seront plus longs, les nuits pleines d’étoiles,

nous redécouvrirons le bonheur d’exister,

et notre amour au vent, claquant comme une voile,


s’envolera demain, ivre d’éternité.

Après la vie (Larmes d'encre)



Après la vie, la vie, 
tu sais rien ne s'achève,
ne dis rien et souris,
la mort n'est qu'une trève.

Tu crains de t'endormir,
de fermer tes paupières,
et l'idée de partir
te torture et t'aterre.

Pourtant, rien ne s'éteint,
nul ne meurt à jamais,
la mort n'est pas la fin
et rien ne disparaît.

Les portes de ta nuit
s'ouvriront devant toi,
la lumière infinie

Au loin te guidera

Tu tourneras la page

de ta vie, du destin

et sur d’autres rivages

tu renaîtras demain


Après la vie, la vie,

tu sais, rien ne s’achève,

n’aie pas peur et souris

la mort n’est qu’une trêve.






sábado, 11 de abril de 2015

Ayer (Buscando Itaca)




Vengo de otro lugar, de tierras lejanas,
olvidé mi niñez  en otro horizonte,
en un océano de verdes praderas
en playas desiertas, en playas del Norte
donde se olvidaron todas las promesas,
y donde el tiempo, inexorablemente
dejó ya sus huellas…


Partiré mañana en busca del ayer,
encontraré la fuente malva
de las aguas del pasado,
lloraré en silencio al atardecer, 
recordando esta quimera
que hace ya tanto tiempo
me hizo dejar mi tierra.

Me voy un poco más sola,
En busca de mi identidad,
Peregrino de nostalgia...
Recordaré los errores
y los momentos felices.
Recorriendo poco a poco
el camino de los años.
me perdonaré los daños,
me perdonaré el fracaso. 

Y después de este balance
los recuerdos reuniré,
la pasión y el desamor,
la soledad y el rencor.
Mirando el horizonte,
repetiré que nunca más
volveré a llorar por nadie.
Encenderé un gran fuego
donde se quemará todo...

 El viento llevará hacia el mar
el humo gris del pasado,.
y podré por fin olvidar
desechándolo todo


Y luego, recién nacido,
podré volver a comenzar...

viernes, 10 de abril de 2015

Marina (Al Sur del Amor)



Marina



Duerme pequeña flor
del Mediterráneo,
duerme feliz y sin temor,
siempre estaré a tu lado,

Tus pestañas se van cerrando,
mariposas del misterio,
y protegen el silencio
de tu cielo estrellado,

Noche andaluza en tus ojos,
lejano oriente en tus cabellos,
jazmín en flor y azahar,
niña sirena, perla del mar...

Despliega tus alas en sueños
y recorre de flor en flor,
el jardín de tu infancia
las praderas de mi amor...


Deslízate en las olas
profundas de la inocencia
reina de los siete mares
princesa de mi soledad,

y despiértate mañana
trayéndome de tu reino.
la flor de la felicidad,

el arco iris del olvido..

jueves, 9 de abril de 2015

Partir (Buscando Itaca)



















Partir

Partir es morir un poco
dice la gente en mi tierra,
me voy pero lo confieso
algo se quiebra en mi alma.


Me voy hacia mi pasado
pero dejo en esta tierra
quizás la única persona
que cuenta hoy en mi vida.


Me voy, pensando en regresar
con la duda y el temor
de que no lograré encontrar
a mi retorno tu amor


Solo te pido una cosa
en forma de despedida,
si te pierdo para siempre
me gustaría poder pensar
que sonreirás al recordar
mis locuras y mi nombre,
que sonreirás al pensar
que algún día fui tuya,
en mente, cuerpo y alma

  
Partir es morir un poco,
se me rompe el corazón,
en la distancia tu recuerdo
me devuelve la ilusión.

Hasta siempre, hasta nunca,
escoge tú la despedida...

domingo, 5 de abril de 2015

Fantasías (Al Sur del Amor)






Suspiros...
Una luna indiscreta
dejó su aliento fresco
dibujado en mi ventana
y se quedó prendada
de nuestro amor en el espejo...


Deseos,
deseos inconfesables,
palabras incandescentes
murmuradas a media voz,
pequeños cuentos imaginarios
historias para no dormir
para temblar, para reír...


Dibujos,
dibujos inacabados
por el alba sorprendidos,
increíbles arabescas
que en tu piel inventamos,
dibujos inocentes
juegos inolvidables...


Te quiero,
despiertas mi imaginación
de ti nace la canción,
tu amor es alegría
y tu cuerpo fantasía.
¿Existes o mi imaginación
te inventó esta mañana?


Escribe tú la conclusión...

sábado, 4 de abril de 2015

El gran viaje del guerrero sin nombre











El gran viaje del guerrero sin nombre

 

La imponente silueta del guerrero  se recortaba, solitaria, sobre  la inhóspita inmensidad  nevada. Bajaba lentamente por la ladera escarpada, hundiéndose en la nieve que le llegaba casi hasta las rodillas, encogiendo el cuerpo para resistir al gélido abrazo del viento. A pesar de su voluntad inquebrantable, sus fuerzas empezaban a flaquear. Llevaba horas caminando por la montaña, alejándose para siempre de lo que había sido hasta ahora su poblado y su vida, el clan del Reno Blanco.    

La tormenta que había estallado una hora antes, le sorprendió antes de que pudiera buscar refugio. El tiempo estaba empeorando por momentos.  El guerrero se detuvo un instante para recobrar el aliento, respiró hondo, y miró hacia atrás. La nieve no paraba de caer, casi había borrado las profundas pisadas que había dejado. Pronto no quedarían huellas de su paso por aquel paraje, ni siquiera en el recuerdo. Estaba completamente solo en medio de aquel universo blanco, caminando sin rumbo, con el cuerpo entumecido por el frío, y el corazón lleno de amargura.

¡Desterrado! 

Esta palabra resonaba una y otra vez en su cabeza, mientras el viento rugía, alborotando sus largos cabellos rubios. No podía borrar de su mente los últimos acontecimientos que habían hundido su destino en la adversidad. El día anterior, que tenía que haber sido el día más glorioso de su existencia, había sido el de la vergüenza. No había superado la prueba de valor, a la cual se tenían que someter todos los jóvenes varones del clan a los dieciséis años.  No se lo habían permitido. Cuando se había despojado de su ropa para unirse a los compañeros de su edad, y luchar con el torso desnudo en la nieve, tal como marcaba la tradición de los guerreros del Reino de Hielo, el brujo había levantado la mano para detener la ceremonia. Luego, llamándole por su nombre, le había hecho colocarse en medio del grupo y había señalado desdeñosamente una marca, una extraña marca encima de su hombro izquierdo. Todos se habían apartado de inmediato, mostrando su rechazo.

─No eres de los nuestros ─había declarado el brujo despectivamente─. Esta marca lo demuestra, no perteneces a nuestro clan.

─Pero yo… he nacido aquí ─ había respondido abochornado─,  yo siempre he vivido con vosotros, esta marca no significa nada. Mi madre…

─Ella ya no está entre nosotros para defenderte ─le había interrumpido el brujo─. Nunca quiso decir quién era tu padre, pero ahora lo comprendo, está claro que no fue uno de nosotros. Todos los hombres del clan del Reno Blanco llevan nuestra marca al nacer, todos menos tú. Tendrás que marcharte.

─No tengo a donde ir ─había protestado débilmente el guerrero─, lejos de la aldea, no sobreviviré al invierno. 

─Mañana al alba, saldrás del poblado para no volver nunca. A partir de ahora, ya no eres nadie aquí, y jamás volverá a ser pronunciado tu nombre.

¡Proscrito! Se había convertido en un proscrito sin nombre, sin familia ni identidad. La tempestad arreciaba entorno a sí,  pero más fuerte rugía la cólera en su interior. De pronto, cayó de rodillas en la nieve y, levantando el puño hacia al cielo, dejó estallar el dolor y la rabia que llevaba dentro. Su largo gritó desgarró el silencio.

La montaña pareció estremecerse y, con un rugido profundo, respondió a su desafío. El guerrero giró la cabeza,  miró hacia atrás y se quedó por un instante paralizado por el estupor. Una impresionante masa de nieve bajaba hacia él, a una velocidad vertiginosa, engullendo todo a su paso. Antes de que pudiera encomendarse a los dioses de sus ancestros, la avalancha le vino encima y le arrastró.

Ocurrió muy rápidamente, en apenas unos segundos. El guerrero no tuvo miedo, ni siquiera tuvo tiempo. De pronto todo se volvió frío, oscuro y muy quieto. No podía moverse ni sentía dolor. Entonces, supo que había muerto.

 

Muruk salió despacio de la cueva donde se había refugiado cuando empezó el alud,  miró entorno a sí, y olisqueó el viento. Algo llamaba poderosamente su atención, algo que no acertaba a identificar. Después de unos segundos, esta sensación desapareció, así que decidió marcharse,  y regresar junto a los suyos. Pero en el momento en que se alejaba, volvió a olerlo otra vez, era algo extraño, diferente. Sin pensarlo más, dio la vuelta, tenía que averiguar de qué se trataba.

Siguiendo el rastro, empezó a ascender por la ladera de la montaña, donde el alud había dejado una gruesa capa de nieve. Se hundía a cada paso, pero el olor que se hacía cada vez más penetrante le impulsaba a continuar. Ya estaba cerca, faltaban solo unos metros… Se detuvo de repente. ¡Allí! Aquello estaba allí debajo.

Se puso a rascar enérgicamente, con las dos patas delanteras. Al principio fue fácil, la nieve era ligera y polvorosa, pero a medida que avanzaba, la encontraba densa, más endurecida, y le costaba mayor esfuerzo. Muruk no desistía, y el agujero que cavaba se hacía cada vez más profundo. Pronto, pudo introducirse casi entero en él. El olor le llegaba ahora con fuerza y le alentaba a seguir. Faltaba poco, lo sabía…

Aparecieron primero unos mechones de pelo rubio, luego un rostro cuya palidez reflejaba la cercanía de la muerte. Sin embargo, cuando le olio y le lamió, supo que aquel ser aún vivía. ¡Tenía que sacarle de allí! Empezó a rascar frenéticamente el suelo alrededor de su cara para intentar agrandar el túnel que había cavado, pero la nieve se estaba poniendo cada vez más dura. No llegaría a tiempo. Tenía que pedir ayuda.

No podía darse la vuelta, así que salió  del estrecho túnel hacia atrás, todo lo rápido que se lo permitieron sus patas que empezaban a entumecerse. Luego, levantó la cabeza hacia el cielo, y emitió un largo aullido. Al rato, le respondió otro inconfundible.  ¡Nukka!

Poco después apareció una loba blanca, acompañada de dos lobos jóvenes, su familia. Se pusieron inmediatamente a cavar con todas sus fuerzas y, poco después, desenterraron el cuerpo del guerrero. Muruk, el más fuerte, lo arrastró hacia fuera y  sus hijos se tumbaron alrededor del guerrero para darle calor. Nukka se estiró con delicadeza encima de él y le lamió suavemente hasta que por fin, pareció recobrar el conocimiento. Entonces, entre los cuatro, le arrastraron sobre la nieve, hasta llegar abajo de la ladera.

 El guerrero sintió un rayo de sol sobre su rostro y parpadeó. Siempre había pensado en el mundo de los muertos como en un lugar húmedo y tenebroso, pero se sentía bien, extrañamente bien, y todo le parecía cálido y luminoso.

─Por fin has despertado ─murmuró una voz femenina en algún lugar de su mente.

Abrió los ojos y sonrió. Una gran loba blanca estaba estirada a su lado y le miraba con ternura.

─¿Quién eres? –preguntó la voz.

─No tengo nombre, ya no ─murmuró el guerrero que empezaba a recordar─ pero no creo que en el mundo de los muertos me vaya a hacer falta.

─Tú no estás muerto ─murmuró la voz─ levanta los ojos y mírame, mira entorno a ti.

El guerrero levantó la vista y la vio. Primero, sus ojos se perdieron en dos ojos rasgados de color violeta que le miraban con curiosidad. Luego, su mirada acarició un rostro angelical, un pelo largo de color fuego, un cuerpo diminuto pero delicado y hermoso.

─¿Quién eres? ─balbuceó sorprendido─. Pensaba que era la loba, la que hablaba en mi mente.  

─¿Nukka? ─preguntó la hermosa criatura con una carcajada─ No, ella no habla tu idioma, pero yo sí. Soy Yakone.

─A qué raza perteneces, Yakone?

─A las hadas de la luz, ¿y tú?
─Yo… no lo sé, ya no sé quién soy. 
─Muruk y Nukka te encontraron sepultado en la nieve, en la ladera de la montaña. ¿De dónde venías? ¿Del poblado del clan del Reno Blanco?
─No lo recuerdo ─mintió el guerrero girando la cabeza.
─Quizás te interese saber que este poblado fue destruido por la avalancha hace una semana ─murmuró el hada─,  y que  nadie se salvó.
─No puede ser ─murmuró el guerrero impactado─ todos han muerto…  ¿Por qué he sobrevivido yo? ¿Llevo una semana aquí?
─Así es. ¿Crees en el destino?
─Ya no sé en lo que creo…
─Pues el destino ha querido que te salves, cuando todos los de tu clan han muerto…Era tu clan, ¿verdad? ¿Por qué te marchaste?
─Por esto ─murmuró el guerrero destapando su hombro y enseñando la marca que había cambiado su vida. Me echaron por esto, porque según decían, esta marca demostraba que no era uno de ellos. ¿Qué tendrá que ver el destino con todo esto?
─Soy un hada de la luz, no una adivina, pero creo que esta marca te salvó la vida. Debes averiguar por qué. Necesitas saber quién eres, de dónde vienes, porque solo así, podrás encaminar tu vida.
─¿Dónde me encuentro Yakone?
─En Iridessa.
─¿Iridessa? ─balbuceó el guerrero atónito. ¿Qué lugar es este?
─Es el Reino de la luz ─sonrió Yakone─.  Los lobos te han salvado y nos han avisado. Son nuestros aliados desde hace muchos siglos. Ha sido complicado traerte hasta aquí, eres muy grande y fuerte y nos costó mucho cruzar contigo el río helado, pero hemos unido nuestra magia y entre todos,  lo hemos logrado.
─¿Por qué lo habéis hecho?
─Por muchas razones ─susurró el hada─, sobre todo porque respetamos la vida en todas sus formas y la protegemos siempre que nos es posible, pero también por eso─ añadió, enseñando la marca de su hombro─, los lobos lo vieron cuando te sacaron de la nieve.
─¿Conoces esta marca? ¿La habías visto antes? ─ preguntó el guerrero esperanzado.
─Por supuesto que sí, pero tienes que descubrir su significado tú solo, debes reencontrar tu camino y tus orígenes.
─¿Y el reino de hielo? ¿Dónde quedó?
─Lejos, lejos en la distancia y también en el pasado.  Iridessa se encuentra al sur de tu tierra, mejor dicho, de la que fue alguna vez tu tierra.
─No creo que vuelva nunca ─observó con amargura el guerrero.
─No debes mirar atrás, guerrero, debes pensar que de alguna manera, has muerto en la avalancha. Ahora eres un hombre nuevo, y tienes un largo camino que recorrer. Y para iniciarlo, para viajar, necesitarás un nombre, por lo menos hasta que sepas quien eres.
─Yo no puedo escoger mi propio nombre, los padres son los que dan los nombres a sus hijos al nacer, pero a mí, no me queda familia.
─Acabas de nacer,  y ya que los lobos te han encontrado, ¿qué tal si te ponen ellos un nombre?

El guerrero asintió. Yakone habló con Nukka y con Muruk y su respuesta fue inmediata.
─Te llamaras Inuk ─anunció Yakone─, Inuk el viajero.
─Por qué Inuk? ¿Qué significa?
─Inuk significa hombre, solo esto. De momento es lo que eres, solo un hombre. Cuando sepas quién eres de verdad, podrás cambiarlo o añadir algo más, pero hasta entonces, serás Inuk.
─ ¡Que así sea! ─murmuró Inuk, agradecido─. Mañana, haciendo honor a mi nuevo nombre, me pondré en camino.
─Que los dioses guíen tus pasos y protejan tu viaje ─murmuró la voz de Yakone en el fondo de su mente─. No te olvidaré, tienes un sitio entre nosotros, y serás bienvenido siempre que quieras volver.
─Yo tampoco te olvidaré Yakone, ni a vosotros Muruk y Nukka, os debo la vida.
 El día siguiente al alba, se despidió de Yakone un hombre nuevo, Inuk el viajero. Ya no se parecía en nada al joven proscrito que caminaba sin rumbo, con el corazón lleno de ira y de vergüenza. Los acontecimientos le habían hecho madurar muy de prisa, y el hecho de haberlo perdido había dejado un extraño vacío en su espíritu. Había recogido su pelo rubio en una larga trenza, anudado un lazo de cuero en su frente, y cambiado las pieles de reno que siempre había vestido, por un pantalón de paño oscuro y una túnica blanca,  con un cinturón de cuero. En el Reino de la luz, el invierno no existía y la temperatura era suave. Para Inuk, el frío ya solo era un recuerdo, y el dolor se había mitigado. Sus ojos grises no reflejaban ya rabia, ni sed de venganza, sino tranquilidad  y seguridad. Yakone y los lobos no sólo habían salvado su vida y curado su cuerpo, sino que también habían conseguido  sanar su alma.  
Inuk inició su viaje hacia el sur, alejándose cada vez más del Reino de Hielo,  sin más proyecto que el de ir a donde le llevasen sus pasos. Cuando descubrió Iridessa y su vegetación exuberante, comprendió por qué lo llamaban el reino de la luz. Encontró paisajes de todos los colores, montañas turquesas y valles violetas, playas blancas y bosques de color esmeralda Se cruzó con criaturas extrañas que jamás había visto y ninguna de ella demostró agresividad ni violencia. Aquella era sin lugar a dudas una tierra de paz y su estancia, aunque breve, llenó su corazón de serenidad y su alma de luz.  
Una semana después, el paisaje empezó a cambiar y la vegetación a escasear. El suelo se volvió pedregoso, y el aire seco  se tornó cada vez más irrespirable. Por fin, una mañana, divisó las primeras rocas  del desierto que según le había avisado Yakone, marcaban la frontera de Iridessa con el reino vecino: Kebakaran.
 Allí empezaba un mundo desconocido y lleno de peligros. Sus amigos le habían prevenido, las criaturas que poblaban el Reino del Fuego no eran amistosas ni pacíficas,  las temperaturas eran insoportables y el agua escasa. Kebakaran era un auténtico infierno, y cruzarlo podía suponer la muerte de cualquier viajero. Pero Inuk no era un viajero cualquiera.

       Después de llenar su odre de agua de la última charca, puso en orden sus escasas pertenencias. Sacó de su bolsa un cuchillo que se ató firmemente a la cintura. Acarició con nostalgia la piel de reno que le protegía del frío durante las noches, era el único recuerdo de su anterior modo de vida. Se comió los últimos dátiles que le había dado Yakone antes de partir de Iridessa. El cielo era de un azul oscuro, sin rastro de nubes, cuando se puso en marcha.

       Desde el momento en que se adentró en el desierto de Kebakaran, Inuk se encontró incómodo, con la extraña sensación de sentirse observado. Sin embargo, por mucho que mirara entorno a sí, no veía más que una planicie aciaga y solitaria, que parecía no tener fin. A mediodía, el calor ya se había vuelto tan insoportable, que decidió parar  para descansar, y buscar algún lugar donde resguardarse del sol abrasador. Pero todo fue en vano, no halló ni un árbol, ni una sombra.

       Agotado, se despojó de su túnica y cayó de rodillas sobre la tierra resquebrajada por la sequía.  Impotente, levantó la mirada para contemplar un cielo de un despiadado color azul marino,  donde el sol brillaba, indiferente a su sufrimiento.

       ─ ¡Agua! ─rugió con desesperación golpeando el suelo con su puño cerrado. 

       Un trueno le contestó,  retumbando con tal fuerza que todo pareció estremecerse. La tierra tembló, un gran relámpago rasgó el cielo, y la tormenta se desencadenó. Mientras una lluvia torrencial caía sobre su cuerpo, Inuk miraba sin comprender su puño cerrado que parecía haber provocado la furia de la naturaleza. Se levantó aturdido, y en aquel momento le vio.

       El guerrero de piel oscura se encontraba de pie, a unos metros de él, aguantando impasible la lluvia que caía con fuerza. Inuk miró su imponente estatura, y se dio cuenta, atónito que casi le doblaba en altura. Jamás había visto un ser humano tan alto, si es que aquella criatura era humana. Los ojos negros del guerrero le miraron desafiantes, sin demostrar ninguna clase de emoción. Luego, desenvainó una gran espada y dio un paso hacia delante.

       ─No he venido a esta tierra para matar ─declaró Inuk  sorprendido por su reacción─, estoy de paso, soy un viajero, no un guerrero.

       ─¿Qué buscas? ─preguntó el guerrero receloso.

       ─Mis raíces, quiero saber de dónde vengo y quién soy.

       Los ojos del guerrero gigante le miraron con atención y cuando se posaron sobre la marca de su hombro, su expresión cambió. Guardó su espada lentamente, dio un paso hacia atrás y murmuró:

       ─Sigue tu camino, viajero, estás aún muy lejos de tu tierra. Cuídate de las bestias irracionales, no sabrán reconocer tu marca ni la respetarán.

       ─¿Qué sabes de esta marca? ─preguntó Inuk con la esperanza de saber algo más.

           

       Antes de que se pudiera dar cuenta, el guerrero gigante había desaparecido sin contestar a su pregunta. Inuk se quedó de pie, viendo como se alejaba, con un sentimiento de impotencia. Con los brazos abiertos, dejó que el agua corriera libremente por su cuerpo.  La lluvia duró poco, solo unos minutos, y cesó tan repentinamente como había empezado.

       Inuk volvió a vestirse y, con ánimos renovados, reemprendió su camino, pensando en el enigmático guerrero gigante que había renunciado a luchar con él, al observar su marca de nacimiento. ¿Qué podía significar aquello? A causa de esta marca le habían desterrado los de su clan, le había acogido Yakone, y le había perdonado la vida el guerrero de piel oscura.

       Dio vueltas a estas preguntas durante toda la tarde, mientras caminaba por el desierto, sin más compañía que la de un sol implacable. Jamás antes se había sentido tan solo ni tan pequeño frente a la adversidad. ¿Dónde se habían escondido todas las criaturas de Kebakaran? 

Sus ojos cansados escrutaron el horizonte sin divisar nada reconfortante, piedras, tierra resquebrajada por el sol, hasta donde alcanzaba la vista. Aquello parecía no tener fin. De repente, le pareció divisar una pequeña nube de polvo. ¿Sería un espejismo? Con la manga de su túnica, frotó sus ojos sudorosos. La nube estaba creciendo muy rápidamente. Algo o alguien se estaba acercando. Pronto, la polvareda creció hasta oscurecer todo el horizonte,  como si un ejército entero se estuviera acercando al galope. Por instinto, Inuk agarró la navaja que llevaba colgada de su cinturón, apretó el paso  y se preparó a luchar. Cuando por fin sus ojos distinguieron lo que causaba la polvareda, supo que no iba a tener la mínima oportunidad de combatir. Decenas, cientos de lagartos gigantes se arrastraban a toda velocidad hacia él, enseñando sus fauces amenazantes. No había nada que pudiera detener aquel ejército de reptiles, nada salvo… Se imaginó de repente el desierto en llamas, y los lagartos huyendo despavoridos.

─ ¡Fuego!  ─Gritó con todas sus fuerzas─. ¡Necesito fuego!

En aquel momento, el desierto empezó a arder. Una barrera de grandes llamas se elevó de repente, cortando el paso a las hordas de reptiles que se empezaron a dispersar, reptando en todas las direcciones. El espectáculo era dantesco, el fuego devoraba sin piedad los lagartos que intentaban cruzarlo, y las bestias se retorcían abrasadas, mientras negras columnas de humo oscurecían el horizonte, propagando un horrible olor a carne quemada.   

       Cuando todo hubo terminado, Inuk se sentó sobre una roca. Contempló con un profundo asco, el suelo cubierto de cadáveres de lagartos chamuscados. ¿Cómo había sido capaz de provocar aquello?  Primero había sido la avalancha, luego la tormenta, y ahora el fuego. Miró sus manos, sin comprender… ¿Qué clase de poder encerraban?

       Encima de él, el sol brillaba con todas sus fuerzas y los buitres ya volaban en círculo, esperando el momento de dar buena cuenta de los restos de la batalla. Era mejor alejarse de aquel lugar cuanto antes. Inuk reanudó su viaje con amargura, con el alma abrumada por el pesar de haber sido el causante de tanta muerte. Solo quería seguir su camino, no deseaba luchar, ni causar daño a nadie, pero parecía que hacer uso de la violencia era imprescindible para sobrevivir en aquella tierra inhóspita. Le reconfortó pensar que pronto saldría del Reino de Fuego. Según Yakone, el país era pequeño y se podía cruzar en unas horas. Pero le quedaba un último desafío: atravesar el puente que cruzaba el río de fuego para salir de Kebakaran.

      Una hora después, el aire empezó a traer cenizas y la temperatura se volvió casi insoportable. El viento abrasador había quemado la tierra que estaba completamente carbonizada. Inuk divisó el puente a los lejos, y las grandes llamas que subían del río. No había criatura humana capaz de acercarse y cruzar el puente. Bebió las últimas gotas de agua que quedaban en su odre y respiró hondo. Tenía que salir de aquel infierno,  no tenía alternativa y nada ni nadie le iba a detener. 

      El puente estaba cerca ya, a tan solo unos metros, pero el calor era asfixiante, el humo irrespirable quemaba los pulmones. Inuk se detuvo impotente, mirando el rio de fuego que convertía Kebakaran en una trampa mortal.

      ─ ¡Aire! ─ gritó sin aliento─ ¡Aire!─ volvió a gritar justo  después, con todas sus fuerzas.

      Entonces un gélido viento huracanado se levantó y se puso a soplar con fuerza, despejando el puente de sus llamas y abriéndole paso. Con un gesto pidió más, y el aire se precipitó con fuerza hacia el río haciendo recular las inmensas llamas que terminaron por apagarse. Entonces, satisfecho, cruzó el puente, mirando con orgullo como su poder había apagado para siempre el rio de fuego, y liberado la tierra de aquel maleficio.

      Se alejó de Kebakaran sin saber a dónde le llevaban sus pasos. Yakone no había podido decirle más. Nadie había conseguido jamás cruzar la tierra de fuego y volver para contarlo. Inuk siguió caminando con  la esperanza de respirar un poco de aire fresco y encontrar paisajes más agradables, pero la densa cortina de humo parecía continuar por el otro lado del río. La atmósfera era densa, el aire pestilente, y no había rastro de vida ni de vegetación. Pronto, encontró unas dunas de oscuras arenas que atravesó sin dificultad. El terreno cambió paulatinamente, la tierra substituyó  a la arena y se volvió cada vez más húmeda. Sus pies empezaron a hundirse en el suelo cenagoso. La luz cada vez más escasa, y el ambiente tétrico ralentizaban su marcha y pesaban sobre su alma. ¿En qué clase de mundo se encontraba ahora? Divisó en la oscuridad lo que parecía un pasadizo de piedra, que atravesaba lo que se había convertido en una auténtica marisma. Se hizo de noche en cuestión de minutos. Inuk miró el cielo oscuro donde la luz de la luna, rodeada de niebla, brillaba sin fuerza. Entonces empezó a oír las voces. Primero, fueron apenas audibles, como susurros. Luego crecieron, y se convirtieron en gemidos ahogados, en llantos desconsolados. Entonces distinguió en las aguas cenagosas, rostros y brazos elevándose hacia él en busca de ayuda. Su mirada horrorizada contempló aquel abismo de almas en pena, creyó reconocer entre ellas, los rostros de los que fueron alguna vez sus amigos, sus hermanos, la gente del clan del Reno blanco, y su corazón se conmovió. Oyó como le llamaban con desesperación por su nombre antiguo, y a pesar de no albergar rencor, no pudo hacer nada para ayudarles. Por mucho que tendiera sus manos hacia ellos para rescatarles, jamás conseguía alcanzarles, estaban separados por un  abismo de niebla y oscuridad que nadie podía vencer. Entonces comprendió que se hallaba en el Reino de la Oscuridad. ¿Por qué le habrían guiado sus pasos hacia allí? ¿Qué hacía él en la tierra de los muertos?

─Grandes son tus poderes viajero─, contestó una voz profunda que surgió de las tinieblas─, pero no hay nada que puedas hacer para los que se fueron. La marca que llevas te protege, y te ayudará a salir con vida de las marismas del más allá. Pero solo te está permitido cruzar esta tierra maldita, no puedes ni debes interferir en ella. Continúa tu camino, viajero, y vete en paz,  pero no regreses jamás.

      Apesadumbrado, Inuk siguió caminando en las tinieblas, sin atreverse a mirar atrás. Tenía frío, y sentía un profundo desasosiego, pero notaba como su corazón latía desbocado dentro de su pecho. Significaba que estaba vivo, y esto era lo único importante. Debía alejarse cuanto antes de las ciénagas del más allá.

Caminó sin descanso toda la noche, y con las primeras luces del alba, salió de la marisma. El paisaje por fin se volvió agradable y la vegetación exuberante. Llenó sus pulmones de aire limpio, respiró el olor de las flores, y caminó entre árboles frondosos. A media mañana, llegó a una pequeña playa de arenas blancas. Una suave brisa le trajo perfumes marinos y acarició su rostro. Las palmeras balanceaban lentamente sus ramas, y la temperatura era fresca y agradable. Se encaminó hacia el mar y se sumergió completamente en sus suaves olas. Permaneció en el agua durante largos minutos para purificar su cuerpo y su alma.

      Al salir, se dejó caer sobre la arena con los brazos abiertos de par en par, y contempló el cielo azul donde pasaban unas pequeñas nubes algodonosas. Se durmió agotado, sin saber que por fin había acabado su viaje.

      Cuando se despertó, horas después,  el sol brillaba muy alto en el cielo. Se sentó, y miró entorno a sí. Vio rostros dulces y hermosos, niños, mujeres y hombres, y observó en sus hombros una marca que conocía muy bien.

       ─¿Dónde estoy?─preguntó aturdido.

       ─En el reino de los dioses ─murmuró una niña con una sonrisa maravillosa.

       ─¿Acaso soy un Dios?─ balbuceó Inuk aturdido.

       ─Eres hijo de un Dios─ contestó una voz profunda, y todos se apartaron para dejarle pasar.

─Pero yo soy Inuk, el viajero, solo soy un hombre.

─Ya no hijo mío, es hora de que conozcas tu verdadero nombre y tu familia. Eres Bjorn, hijo de Sigurd, dios del trueno, de la lluvia y del viento. Has superado todas las pruebas de valor y coraje que se te han presentado, has demostrado nobleza y voluntad y por ello has ganado el derecho a llevar tu verdadero nombre con honor. Bienvenido a casa, hijo mío.

Bjorn se levantó, abrazó a su padre y saludó a su pueblo. En su mente desfilaron las imágenes de su pasado, en el Reino de los Hielos. Pensó en todas las aventuras que había tenido que vivir y sonrió. Por fin sabía quién era, por fin había encontrado el camino de vuelta a casa.