miércoles, 21 de octubre de 2015

Amor a primera vista





Amor a primera vista

─¿Crees en el amor a primera vista?
            La pregunta me pareció insólita, poco propia de Hugo, tanto que dejé en la mesa la cerveza que iba a beber, y le miré. En sus ojos advertí un brillo diferente, y este detalle me hizo dudar.
            ─Yo, sí ─contesté, después de pensarlo unos segundos─, en el amor a primera vista y en el amor en general, ya sabes, soy un sentimental incorregible, pero me parece llamativo que tú preguntes algo así.
            Se rió.
            ─¡Cómo me conoces! ─admitió─. Para ser honesto, hasta ahora no creía en los flechazos, pero todo ha cambiado y hoy…
            ─No me digas que has caído ─interrumpí.   
Imaginaba que se defendería, lo negaría todo, pero guardó silencio mientras esbozaba una leve sonrisa.
─Cuéntamelo ─solté, incrédulo─, y sin omitir detalle.
            Volvió a reír, dos veces en apenas cinco minutos, hecho muy poco frecuente en él. O verdaderamente había cambiado mucho, o algo sorprendente le había ocurrido.
            ─Verás ─explicó─, todo empezó hace unos días. Después de hacer algo de limpieza en el sótano, me acerqué al “punto limpio” para reciclar todos los trastos que había decidido liquidar. Fue entonces cuando la vi por primera vez.
─ ¡Qué romántico! ─ironicé.
─El sitio no lo era, en eso te doy la razón ─contestó Hugo sin ofuscarse─, pero cuando apareció, me olvidé de todo, de dónde estaba y por qué había venido. No podía pensar, solo podía mirarla a ella. Joven, preciosa, con un pelo negro brillante y unos ojazos verdes, me quedé fascinado, totalmente enamorado.
─¿Así fue? ¿Sin más? ─pregunté, anonadado.
─No, no vayas a creer que fue tan sencillo. A pesar de lo que sentí en este primer encuentro, no me atreví a ir hacia ella, y se marchó.  Creí que la había perdido para siempre, pero al día siguiente, la encontré paseando por la urbanización.
─Qué casualidad, esto sí se llama tener suerte. ¿Qué hiciste entonces?
─No sabía cómo acercarme, no quería asustarla, ni pasar por lo que no soy, pero tampoco quería perder la oportunidad de conocerla. Caminé hacia ella, sin prisas. No pareció sorprenderse, siguió andando y cuando llegué a su altura, se detuvo para mirarme.
─¿Y qué? ─pregunté─.¿Qué pasó?
─Pues no pasó nada. Me faltó valor, y volví a casa, con las manos vacías.
─No me lo puedo creer. Tú, el seductor irresistible, ¿te rendiste tan rápido? ¿Tiraste la toalla?
─Ni siquiera tuve tiempo de planteármelo. El destino me echó una mano. Por tercer día consecutivo, di con ella en mi calle, cerca de casa. No lo pensé más, me lancé, y triunfé.
─Asombroso ─murmuré, pensativo─, me has dejado… planchado.
─Y más que te voy a dejar. A la mañana siguiente, vino a casa, y se quedó.
─No me fastidies…
─Y por la tarde, le regalé un collar de brillantes.
─¿Me tomas el pelo?
─En absoluto. Le quedaba tan bien que no pude resistirme.
─Hugo, no te ofendas, pero creo que has perdido el juicio, en serio te lo digo. Un collar de brillantes, al cabo de dos días…
─Los brillantes eran falsos.
─Vaya… ¿No te lo tiró a la cara?
─Al contrario, le encantó, no se lo ha quitado desde entonces.
Empezaba a sentirme desconcertado. La conversación estaba adquiriendo un cariz surrealista. Miraba a mi amigo, y no lo reconocía, nada de lo que decía tenía sentido, pero no parecía importarle lo más mínimo.
─Entonces, solo me queda felicitarte ─balbuceé─, ¿la has presentado ya a tus padres?
─Mañana vendrán para conocerla ─aseguró, con expresión satisfecha─, pero ya que estás aquí, te la voy a presentar. ¿Te parece?
Me sentí incómodo, sin saber muy bien por qué, pero no tuve más remedio que aceptar.
─Claro ─contesté, forzando una sonrisa─, será un placer.
─Bien ─declaró, visiblemente entusiasmado─, te va a encantar.
Sin levantarse, se puso a llamar.
─¡Noa! Ven preciosa, ven a conocer a Alejandro.
No quería admitirlo, pero en el fondo, me devoraba la curiosidad, y me quedé mirando con atención la puerta que daba al jardín, sin que apareciera nadie.
─¡Noa! ─volvió a llamar.
La puerta seguía sin abrirse, y Noa sin aparecer. Miré a Hugo, interrogante, pero no abrió la boca, se limitó a sonreír. En aquel instante, sentí un ligero roce, justo detrás de los tobillos. Al bajar los ojos, descubrí un gato, un precioso gato negro, que ronroneaba mientras se enroscaba una y otra vez entre mis piernas. Cuando subió encima de mis rodillas de un salto ágil, descubrí, estupefacto, que llevaba un collar de diminutos brillantes.
─¿Es Noa? ─pregunté, boquiabierto,mirando a mi amigo.
Su carcajada alegre me contestó.
─Serás embustero…
─Yo no te he engañado ─bromeó─, la culpa, la tiene tu imaginación.



sábado, 17 de octubre de 2015

Intemporalis, Beatriz Martin Piña comparte con nosotros sus emociones...



Buenas tardes a todos, 


Hoy, os traigo con gran alegría, la opinión de Beatriz Martin Piña, ganadora del sorteo de un ejemplar dedicado de Intemporalis, que ha tenido la amabilidad de compartir con nosotros su opinión y sus emociones después de leer la novela.



La lectura de Intemporalis ha sido un viaje delicioso que empieza suavemente, pero que se va acelerando según te acercas al final. El comienzo del viaje es muy suave, durante el cual te vas enamorando de los personajes y paisajes que te rodean para, sin apenas darte cuenta, el viaje se acelera y empieza a llenar tu cabeza con mil preguntas y empiezas a sentirte intrigada, nerviosa. También hay momentos de alegría y tristeza, incluso sorpresa. Todo tan bien narrado que en un suspiro llegas al final para disfrutar de un final mágico y sorprendente. Intemporalis me ha llegado al corazón en muchos aspectos, me he sentido indentificada con el personaje y, como escritora aficionada, envidia sana por una novela que me hubiera gustado escribir a mi y por unas frases en concreto, para mi cargadas de belleza y magia.

Michèle, espero que te gusten mis palabras, un abrazo.


Beatriz, tus palabras son preciosas, has conseguido emocionarme. Gracias de corazón, un abrazo.



Disponible en Amazon goo.gl/jSpo0h