viernes, 4 de noviembre de 2016



Resultado de imagen de isla mauricio



Imagine



─Oye, Claire, ¿cómo se llamaba aquel amigo tuyo?
Hugo pregunta con fingida indiferencia, sin levantar la vista del periódico.
─¿Cuál de ellos?
­─¿Cuál va a ser?, aquel tan fantástico, tu amigo de la infancia, tu paisano…

A Claire  no le pasa desapercibida la mala intención del comentario, y de repente, le entran ganas de mandarlo a paseo, pero respira hondo y piensa que es domingo, que están desayunando en la terraza, y que brilla el sol. No vale la pena estropear el día. El pasado no le importa ya, Hugo ha  sabido hacérselo olvidar y es feliz a su lado, o casi feliz.

─¿Te refieres a Yves?
─Sí, Yves, ¿cómo era apellido?
─Yves Vincent.

Claire se muerde la lengua para no estallar. No sé porque preguntas si lo sabes muy bien, hipócrita, pero no creas que voy a entrar en tu juego. Te vas a quedar con las ganas porque hoy, no pienso discutir, no vas a salirte con la tuya.
Después de una breve pausa, pregunta:
─¿Por qué lo quieres saber?
─Solo quería asegurarme de que se trata de él, porque sale en la sección de sucesos de hoy.
─Déjame ver ─contesta con voz queda.
Despacio, gestos pausados, no tengo que apresurarme, no vaya a ser que Hugo lo interprete como que sigo pensando en Yves. Sobre todo que no se fije en el temblor de mi mano, al coger el periódico. Tengo que leer como si no me importara.

"Un joven francés de 23 años Vincent Yves, propietario y piloto de la embarcación “Imagine”, de seis metros y medio de eslora, se ha dado por desaparecido, después de que fuera hallada a mil metros de la costa de Mataró, su embarcación a la deriva"...

Claire apenas tiene tiempo de encajar el golpe. Traga saliva, intenta calmar su respiración, sabiéndose observada. Cualquier reacción suya va a ser malinterpretada, lo intuye.
─No lo entiendo ─murmura.
─No hay nada que entender, ha desaparecido y punto. Según dice el artículo, viajaba solo y han encontrado el barco averiado, con un palmo y medio de agua… No hace falta ser muy listo para adivinar lo que ha ocurrido.
─Pues yo no seré muy lista porque no adivino lo que ha ocurrido, no me lo creo, ni quiero creerlo. Yves era experto navegante, muy meticuloso, cuidaba de su barco, no me cuadra…
─Cuesta aceptarlo, ¿verdad? ─ironiza Hugo─, pero las cosas son así. Se fue para no volver. Qué mala suerte.
Claire siente que le arden las mejillas.
─Sabía que le tenías manía pero hasta este punto… de aquí a desear que...
─Oye Claire, yo no deseo nada,  me limito a leer las noticias, así que no te pongas a la defensiva. A estas alturas, pensaba que le habías olvidado pero ya veo que no es así. Tú sabrás lo que …

Claire se levanta bruscamente de la silla y, al hacerlo, vuelca la taza. El café se derrama sobre el mantel bordado que le regaló Hugo cuando se instaló en su casa.
─Otra vez no, Hugo, te lo ruego─. Claire se asombra de la  gelidez de su propia voz, los oídos le zumban, y no puede dejar de mirar cómo se expande la mancha en el fino tejido. Sabe que por mucho que lo intente, la mancha no se irá─. Basta ya de discutir sobre Yves, pertenece al pasado, mi pasado,  y no estoy dispuesta a volver a pasar por ahí. ­­

Abandona  la terraza y entra en casa. Tiene que apoyarse en el marco de la puerta para no tambalearse. Yves ha muerto. Una ráfaga de viento se levanta, trayendo nubes que se acumulan en el cielo, tapando el sol. En unos segundos, el día soleado se ha vuelto gris, casi siniestro.
Hugo no se ha atrevido a detenerla. Se ha quedado sentado, escondido tras su periódico.  La observa a través de los ventanales de la cocina, contempla su silueta delicada, cada uno de sus movimientos, su gesto serio, la expresión desesperada de su rostro, y nota cómo se reaviva dentro de su alma la llama infernal que le abrasa. Quieto ahí, no vayas tras ella, si lo haces, acabarás gritando como siempre, y lo echarás todo a perder. Aunque perdido… hace tiempo que lo está.

Claire ordena la cocina con gestos lentos y pausados, sin reparar en el grifo que ha dejado abierto, y el agua que rebota en los platos dentro del fregadero, y salpica los azulejos. Su mente vuela hacia el pasado. Después de una amistad de años con Yves que se convirtió en una relación tan apasionada como fugaz, se impuso la evidencia de que tenían una idea de la felicidad muy distinta.
─Compréndelo, Yves, mejor dejarlo ahora. Somos amigos desde la infancia, pero somos distintos. A ti te atrae el mar, la aventura, te gusta vivir al día, viajar, empezar negocios nuevos cada día, y a mí eso no me va.
─¿Por qué no?
─Porque yo necesito armonía, quietud, también alguien a mi lado, y tú, nunca estás aquí.
─Tienes razón, pero cambiaré, te lo prometo.
─No te creo, ya no. Sigue tu camino, Yves, y  yo seguiré el mío.
─¿Así de fácil es olvidarme? ¿Acabar con lo nuestro? ¿Qué pasa con nuestro sueño? ¿Ya no te acuerdas? Íbamos a comprar un velero, ir a la Isla Mauricio, íbamos a vivir tú y yo como Paul y Virginie…  
─Venga ya, solo fue un estúpido sueño de adolescentes. Para mí, solo es un recuerdo ya.
─No te creo. Te­­ demostraré que puedo madurar, trabajaré duro para conseguir este barco, le pondré el nombre que tú y yo escogimos “Imagine” y vendré a buscarte, ahí donde estés.
─¿Y todas tus deudas? Necesitarías años para saldarlas, haría falta un milagro…
─O un accidente…
─De todas tus ocurrencias, esta es la peor. Adiós, Yves.

A veces, sobre todo los días en que a Hugo le da por montarle una escena, se pregunta si aquel día tomó la decisión correcta. Suspira. Nunca dejé de quererte, Yves, pero no me sentía capaz de seguirte en tu viaje. Tal vez fue cobardía, pero no tuve el valor de creer en tus promesas. Escogí la tranquilidad, la seguridad que me ofrecía Hugo, menos amor, más serenidad. ¿No dicen todos que menos es más? Al final resultó que tampoco encontré la paz  a su lado. En cuanto a ti, por lo visto compraste  el barco, hiciste lo que te proponías, so­­­­lo que… Viniste a buscarme aquí, a Mataró,  y luego, no lo conseguiste. ¿O sí? No puede ser, no puedo estar pensando en serio que… ¿Habrás sido capaz?

De repente, Claire lo tiene claro. Su corazón late, desbocado, mientras se lleva una mano a la boca para reprimir las ganas locas de gritar y de reír. Se pone a bailar como loca. Ni siquiera mira hacia la terraza. De hacerlo, se daría cuenta de que Hugo no está. Se ha ido para no volver.

Unos días después, al abrir el buzón, se encuentra con una postal que representa una playa de arena blanca y aguas turquesas. El matasello es de Port Louis, el remitente un tal Paul,  que le deja su dirección y le invita a visitar muy pronto la isla.
Claire no se lo piensa. Abre el ordenador, busca una agencia de viaje y reserva un vuelo. Destino: Port Louis, Isla Mauricio. Tipo de billete: solo ida.





No hay comentarios:

Publicar un comentario